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UNA SOBREDOSIS QUE NO ES PELIGROSA.

11 Apr

Cierta noche recibí una llamada telefónica de una madre que estaba profundamente angustiada, y en cuando empezó a hablar se soltó en llanto, esperé unos segundos para que pudiera preguntarle la razón de su dolor. -pastor, me dijo, mi hijo ha caído en una profunda  depresión, se ha encerrado en su cuarto y no quiere hablar con nadie, tiene dos dias sin probar alimento alguno; ni yo misma sé la causa, cuantas veces llamo a su puerta me contesta que no quiere hablar con nadie, que no le moleste. Estoy deseperada, pues no me da la oportunidad de que le pueda ayudar.  -Dios nos va a dar su ayuda divina- le contesté. Por esta noche descanse en el Señor; el día de mañana estaré en su casa.

Al día siguiente le visité como lo había prometi:do. Llamé a la puerta del cuarto de aquel joven, y le dije: soy el pastor, ¿puedes darme la oportunidad de hablar contigo? Después de insistir varias veces al fin me abrió. Me presenté y le expliqué el motivo de mi visita, le ofrecí mi amistad tratando de ganarme su confianza. Despues de buen rato de conversar me explico el porqué de su actitud. Según sus palabras, el hombre joven de unos 22 años, formaba parte de un grupo de rock, esa era la razón desu vestimenta y del aspecto físico que lucía en el momento en que hablaba con él.

–Mi amigo y compañero del grupo de rock, teníamos muchas cosas en común. Nuestra amistad era muy sincera, ambos habiamos abrazado la música con tal entusiamo que perdimos todo interés en la familia, tanto él como yo nos habíamos separado de nuestras esposas, y los hijos poco nos  importaban; nuestros sueños eran que nuestro grupo llegara a ser famoso. Como sucede en la mayoría de quienes andan en esta honda, nos atrapó la droga,  y, precisamente una sobredosis que mi amigo consumió hace dos noches, acabó con su vida. Todas nuestras ilusiones y sueños se vinieron abajo en un momento, y aquí estoy sin saber qué será de mí en el futuro. Lo he perdido todo; mi trabajo como profesor de Primaria, mi esposa, mis hijos, mi madre, y mi dignidad–.

Lloró como pocas veces he visto a alguien llorar así. Yo sabía que su madre, una buena cristiana, lo quería, y de su esposa y sus hijos, aunque no los conocía, le asguré que sin duda lo querían también. Mejor oportunidad para presentar el amor de Dios no la podía haber. Le presenté con las Escrituras el plan de salvación  y el maravilloso e insondable amor de Dios.

–Tú necesitas una sobredosis de amor divino que te dé la experiencia de la salvación y de ser una nueva criatura en Cristo; si tú la pruebas quedarás maravillado de todo lo que Dios hará en tí– Fue ese el mensaje que Dios puso en mi corazón para él.

Dos días después me llamó para decirme que estaba listo para hacer la entrega de su vida a Dios y aceptar a Jesucristo como su Salvador. Los cambios que el Señor empezó a obrar en su vida, llamaron poderosamente la atención de su esposa, de tal manera que en poco tiempo ella también rindió su vida a Cristo.

 
 

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