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TUS CRÉDITOS Y CREDENCIALES ¿ESTÁN VIGENTES? parte 1-2

15 Feb

Todos sabemos que nuestras tarjetas de crédito y credenciales de identificación, tienen una fecha de caducidad, que debemos renovarlas a su vencimiento, y sin embargo, ¿cuántas veces se nos ha negado un préstamo o un servicio porque al momento de solicitarlo nos llevamos la sorpresa de que nuestros documentos están vencidos?  Las molestias y malestares por los problemas que nos origina tal situación, nos obliga a renovarlos de inmediato. Hay instituciones comerciales y de crédito que tienen en su programa el notificarles a sus clientes de la proximidad de la fecha de vencimiento de sus documentos, y aun así incurrimos en el mismo error.

¿Hay en la vida cristiana alguna situación similar a ésta?  No hay duda, nuestra negligencia en lo referrente a la vida espiritual conlleva graves riesgos.

La Biblia menciona la negligencia, con sus nefastas consecuencias, unas cinco veces, pero en más de 50 ocasiones nos insta a ser diligentes, con sus respectivos buenos resultados y bendiciones. El Sermón del Monte (Mateo capítulos 5 al 7), nos ilustra aspectos prácticos y cotidianos, muy comunes en nuestra devoción a Dios y servicio al prójimo, dignos de nuestra seria consideración.

El Evangelio de Mateo está dirigido al pueblo de Israel en particular, y al mundo entero en general. A los primeros para darles a saber de las profecías referentes al Mesías cumplidas al pie de la letra de forma natural y sobrenatural, sin forzar o mal interpretar ni la letra ni los hechos históricos. Y a los segundos, o sea al resto del mundo, el mundo gentil, porque de ellos y con ellos levantaría Dios la Iglesia, también llamada ¨El Cuerpo de Cristo¨ depositaria y proclamadora de la verdad del evangelio, las Buenas Nuevas del reino de los cielos en y entre los hombres, de tal suerte, que unos y otros, judíos y gentiles tuviesen acceso al Padre por medio de la sangre de Jesucristo vertida en la cruz del Calvario; haciendo entre ellos la paz y formando de los dos un solo pueblo, un solo reino donde El es el Rey. El Sermón del Monte, como se la ha designado al discurso de Jesús contenido en los capítulos 5 al 7 del Evangelio de Mateo, pudiera considerarse como el preámbulo a la Carta Magna (las Sagradas Escrituras) donde están plasmados los estatuos del Reino, así como los deberes, obligaciones, derechos y privilegios de sus súbditos.

En el capítulo 5 del Evangelio de Mateo, versos del 3 al 12 encontramos ¨Las Bienaventuranzas¨, que aguisa de exordio, nos indican a quienes de los súbditos del reino en general, se les puede considerar como súbditos ejemplares, con la finalidad de que todos tengamos un modelo de cuales son los principios de contextura espiritual demandados por el Rey para hacerlos aptos y para que todos aspiremos a ese nivel de excelencia, pues en esto, todos los súbditos de este glorioso reino tenemos las mismas prioridades, oportunidades y privilegios. Queda en nuestra voluntad la decisión por cual clase de súbditos nos vamos a decidir.

Claro está, nuestro Rey desea que todos seamos como El es, para El no hay mayor gozo que el vernos ir en pos de ese anhelo donde radica y se centra nuestra plena realización. El, por su parte nos dará de su gracia, y complementará la obra ya iniciada en nosotros, como bien lo expresó el Apóstol Pablo en su Carta a los Filipenses capítulo1 y verso 6 ¨¨estando persuadido de esto, el que comenzó la buena obra en vosotros la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

¨Las Bienaventuranzas¨ son para esta clase de súbditos, los ideales elevados de su corazón, expresados en el resto del Sermón del Monte como línea de conducta hacia Dios, hacia los hombres y a sí mismos. Gracias a Dios por esos buenos y ejemplares súbditos del Rey, su reino ha llegado hasta nosotros, y sigue su marcha arrolladora, conviertiéndonos en eslabones entre el pasado y el futuro de ese reino. El inestimable galardón de estos dóciles instrumentos humanos, se proyecta desde su vida terrenal hasta la eternidad, por su obediencia fiel, edificando sus casas (vidas) sobre la Roca Inconmovible de los siglos (Jesús), y los hace sobrevivir ante los feroces embates de las olas turbulentas y tormentas impetuosas de esta vida (vea Mateo 7:24-25). Y por su abnegado y fiel servicio, entrarán y participarán del gozo de su Señor (vea Mateo 25:14-23). Dicho sea de paso, que estos últimos versos están tomados de la Parabóla de los Talentos donde se menciona la palabra ¨negligente¨ (vea el verso 26).

Miremos brevemente las bienaventuranzas con este enfoque en mente.

Los ¨pobres en espíritu¨ (Mateo 5:3)

Hace alusión a quienes reconocen su necesidad espiritual. Es decir, los humildes. La humildad es un tema que corre por todas las páginas de la Biblia, que al llegar al Sermón del Monte, adquiere rostro no conocido a los hombres, pues estos la ven con malos ojos y la desprecian teniéndola como migaja y poseción de los opacados y oprimidos; nada más lejos de la verdad. Jesús la proyecta como la cualidad esencial del carácter en los líderes verdaderos, quienes dan gracias a Dios por sus aciertos y reconocen a la vez sus yerros; quienes además, en sus relaciones con los hombres han dejado atrás todo sentimiento de inseguridad e inferioridad. Y en su relación con Dios no son presa del orgullo ni del exhibicionismo, pecados que señaló y condenó Jesús en los fariseos. Y en cuanto a las relaciones de estos súbditos entre sí, el Sermón del Monte dejó en claro las líneas de conducta por las cuales debían regirse.(ver Mateo 7:1-6)

¨Los que lloran¨ (Mateo 5:4).

La pregunta obligada en este caso es: ¿a quienes se refirió Jesús? Todos los seres humanos lloramos muchas veces y por muchas razones, en algunas ocasiones recibimos consuelo de alguien, quizás en la mayoría de las veces, no.  Jesús, ¿lloró en alguna ocasión? Y si fue así ¿cuál o cuáles fueron los motivos? ¿lloraron algunos de los santos hombres de la Biblia?  Creo sinceramente que esto nos da la pauta para entender a quienes se refería Jesús, y las causas que motivan la consolación.

Me limitaré a dos pasajes bíblicos donde especificamente se nos dice que Jesús lloró sin dejar de ser el hombre más viril que ha existido. El primero de ellos se encuentra en el Evangelio de Juan capítulo  11 verso 39, en ocasión de la muerte de Lázaro, un amigo muy apreciado por Jesus. Aquel lloro fue notorio a todos los presentes, tanto que arrancó de los labios de muchos el testimonio de lo mucho que Jeús amaba a Lázaro.

El otro pasaje está en el Evangelio de Lucas capítulo 19 y versos 41 al 44, aquí encontramos a Jesús en el Monte de los Olivos, en ésta, que sería su última visita a la Ciudad de Jerusalén, ocasión en la que pronuncia una terrible profecia contra la Ciudad a causa de su gran rebeldía, rechazando continuamente a los profetas que Dios le había enviado, y a quienes asesinó; a la misma vez que manifestó la ternura de su corazón expresándola con palabras muy tiernas, y plenas de dolor: ¨¡Jerusalén, Jerusalén¡…¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste¡¨  (Mateo 23:37). 

Del primer pasaje veo la solidaridad de Jesús con el dolor humano. Su aflicción fue tal que le llevó hasta el llanto. Jesús, sin duda, el más humano entre seres deshumanizados, caídos en desdicha por el pecado y la maldad que anida en sus corazones, conoce tu aflicción cuando te solidarizas con los que sufren, con los desprotegidos, con los marginados, con los que enfrentan enfermedades terminales. Del segundo pasaje se desprende que la aflicción del hombre llega a alturas insopechadas cuando se pone en los zapatos de aquellos que desprecian la gracia de Dios y su perdón, quedando expuestos a una eternidad separados de Dios. La sincera devoción a Cristo se manifiesta en estas dos expresiones de preocupación genuina y honda de aquellos que nos confesamos sus seguidores.

Profunda impresión dejó en mi alma, ser testigo del dolor derramado ante el Señor, en el altar de una amada iglesia, por una piadosa mujer. Su ruego no era por salud física, ni por algún problema moral o espiritual en su vida, ni por alguna situación económica, que son por lo general las principales razones de nuestras oraciones; su petición era solo una: la salvación de su amado esposo. Sus ; palabras, los gemidos de su alma, sus lágrimas, su profundo dolor, la opresión de su pecho, en una palabra, toda su aflicción estaba centrada en esa gran necesidad.

Mis amados lectores se preguntarán: ¿cómo se enteró usted de su petición? ¿Acaso estuvo cerca de ella escuchando sus  palabras y observando su angustia?  –Claro que no– Todo aconteció inesperadamente. El Pastor de esa igleisa, gran amigo mío me invitó a predicar, y por un error, llegué una hora antes del tiempo señalado para la reunión. En tanto llegaba la hora del culto, me arrodille al pie de una banca y me puse a orar, en ese espacio de tiempo llegó la hermana a orar y no se percató de mi presencia; en cuando terminé de orar me senté para leer, fue entonces cuando la ví y escuché su ruego. —El Señor conoce su angustia y él le va a consolar– le dije a esta hermana al despedirnos al terminar el culto. Ella se quedó perpleja de mis palabras.

Dos meses después volví a esa iglesia, y grande fue mi sorpresa cuando ví a esta hermana muy feliz acompañada de su esposo, él ya se había entregado al Señor. Al despedir a los hermanos a la salida del templo, le dije: ¨Felices los afligidos, porque ellos recibirán consolación.¨ Su perplejidad fue aún mayor. 

Las plegarias de madres y padres por la conversión de sus hijos al Señor, frecuentemente son contestadas despues de que ellos han sido llamados a las mansiones eternas.  Durante los años de mi pastorado tuve la bendición de ver varios casos como estos.  Hojeando los Evangelios y leyendo la vida de Jesús le encontramos rodeado de publicanos y pecadores para oirle, lo cual despertó el celo de los fariseos y los escribas, quienes con su boca llena de veneno le murmuraron diciendo: ¨Este a los pecadores recibe y con ellos come.¨  La respuesta de Jesús fue la narración de dos parábolas, una refiriéndose a un pastor de ovejas, que pierde una de ellas, y la otra, una mujer que pierde una moneda; tanto en pastor  como la mujer recuperan lo perdido, lo cual es motivo de gran gozo para sus dueños, y en ambas se concluye que:  ¨Hay gozo en el cielo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.¨¨ (ver Lucas 15:1-10).

Pablo, el Apóstol de los gentiles, se gozaba en Cristo, y así aconsejaba a los filipenses a estar siempre gozosos, sin embargo, en su Epístola a Los Romanos confiesa: ¨´…que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón…por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.¨¨ (ver Romanos 9:2-3), y este es el mismo sentir hacia sus parientes que todavía no tienen una relación con Jesús, de quienes han experimentado las dulzuras de la gracia divina.  Los que están afligidos por una situación como esta, dijo Jesús: ¨recibirán consolación.¨

¿Ha vivido usted, querido lector, la emoción de estar en un estadio en compañía de miles de personas? ¡Es impresionante y emocionante cuando se anuncia la salida al escenario de los protagonistas del evento¡  Todo es euforia y alegría. Así quiero imaginarme la alegría de los ángeles cuando anuncian a los millones de los redimidos, el nombre de un pecador que se arrepiente, y más aun, el salto de gozo y alegría de los padres o madres que estuvieron orando por la entrega de sus seres queridos al Señor. La consolación que no alcanzaron a recibir en esta vida, la tendrán en la presencia de su bendito Redentor.

Me queda sólo una pregunta al terminar esta parte del estudio ¿Dónde están nuestras lágrimas?

Parte 2

Los Mansos  Mateo 5:5

Al llegar a este punto, las palabras de Jesús sonaron muy familiares a los oidos de sus oyentes. Moisés, el gran legislador les había heredado una ley de la cual ellos se sentían muy orgullosos, cabe destacar que ningún pueblo de la tierra tiene un legado tan grande como ese. Fue este hombre un excelente maestro de la ley, caudillo y libertador de la esclavitud de Israel del país de Egipto. Les guió por el desierto por espacio de 40 años hasta los límites de la Tierra Prometida por Dios. Y, es de este mismo Moisés de quien se asevera  sin atenuante alguno en el Libro de Números capítulo 12 y verso 3 que ¨era el hombre más manso que había sobre la tierra.¨ Pues bien, lo fué, si tomamos en cuenta su liderazgo sobre un pueblo tan grande en número; nunca buscó honores para sí mismo, ni se enseñoreó sobre él, fue fiel en todo a la casa de Dios, como lo declara el mismo capítulo 12 en el verso 7, y fue un hombre completamente entregado al servicio de Dios en favor de su pueblo.

Era tambíen del conocimiento de los oyentes de Jesús en esa ocasión, que Moisés no entró fisicamente a la Tierra Prometida, sólo la contempló de lejos, y por supuesto, conocían también cual había sido la razón: se dejó dominar por la ira y perdió los estribos, golpeando una roca a la que se le indicó que solo le hablara, Usurpó el lugar de Dios y reclamó la gloria para sí mismo. Un suceso del pasado, por cierto, muy triste de recordar. ¿Alteró este penoso incidente en alguna forma la promesa de Dios? No, ¿se reveló Moisés contra Dios? ¿guardó en su corazón alguna amargura? No, lo contrario es verdad, se gozó en la victoria otorgada por Dios, le exaltó por su fidelidad en el cumplimiento de sus divinas promesas, y lo celebró con un cántico de júbilo. Una actitud de este calibre es excelente demostración de la mansedumbre.

Por un momento pensemos en el Señor Jesús impartiendo una lección sobre estos temas en una sinagoga….Puedo asegurar que uno de los oyentes levanta la mano pidiendo la palabra para preguntarle ¿cuáles son tus créditos? en otras palabras ¿a los pies de qué doctor de la ley estudiaste? Otro preguntaría ¿tienes credenciales y están vigentes? Es decir, dinos con que autoridad hace esto. Otro oyente más, le preguntaría: ¿ a qué tierra te refieres? ¿son tus palabras literales o en sentido figurado? La respuesta a la primera pregunta sería: Pregúntales a los doctores de la ley cuales fueron mis respuestas a sus cuestionamientos en la ocasión de la ceremonia para que fuera declarado hijo de la ley. La respuesta a la segunda pregunta sería, mis obras te dirán quien soy y con que autoridad hago lo que hago; y finalmente, la respuesta a la tercera pregunta sería la más punzante a sus conciencias, pues se consideraban dueños y señores de la tierra que pisaban, cuando la verdad era otra; en esos momentos eran súbditos del Imperio Romano a quien tenían que pagar tributo o impuesto..

La Tierra Prometida por Dios, tierra que fluye leche y miel, para el pueblo de Israel era símbolo de la bendición de Dios, de la esperanza, del descanso,  y conforme a la promesa divina, el pueblo la poseyó, pero lamentablemente por su rebeldía contra Dios, la perdió en dos ocasioes: bajo el Imperio Babilónico y bajo el Imperio griego, y estaban en el mismo riesgo y por la misma razón. Su Rey y Mesías estaba frenta a ellos, y en breve tiempo le rechazarían y le harían morir como el peor de los criminales. En el sentido espiritual, todo hombre y mujer que rinden sus vidas a Cristo, aprender a depender de El, que es otra manifiestación de la mansedumbre, hallando descanso completo de todas sus cargas, y según la enseñanza de la Carta a los Hebreos queda todavía una parte de la promesa que será cumplida en el futuro. (Leer Hebreos capítulos 3 y 4).

Encontramos en las Sagras Escrituras otros ejemplos más de hombres que practicaron la mansedumbre: José al perdonar a sus hermanos que le habían vendido como esclavo. Josué  al declarar que él y su casa servirían a Jehová. David cuando fue reprendido por el Profeta Natán, Esteban, el primer mártir de la iglesia al perdonar a sus verdugos, el Apóstol Pablo con sus hermanos de Tesalónica, etc.

Pongamos las cosas en claro. Por todo lo ya expuesto se deja ver que la mansedumbre no es propiedad de las personas débiles o tontas, y que esté asociada con debilidad y divorciada del liderazgo, por el contrario, los mansos son personas poseedoras de potencia moral, intelectual y espiritual, y aquí, en el Sermón del Monte, Jesús asocia la mansedumbre con la absoluta dependencia de Dios (Mateo 6:25’34), con las buenas relaciones con el prójimo (Mateo 5:43,46-48) y con la integridad (Mateo 5:33-35,37).

En Jesús, el ejemplo por excelencia de la mansedumbre, ésta fue una cualidad profetizada del futuro Rey de Israel (Zacarías 9:9) y cumplida en Mateo 21:5, además de ser también ejercitada a lo sumo en su muerte expiatoria, profetizada por el profeta Isaías en el capítulo 53 y verso 7 de su libro. Jesús no sólo se denominó a sí mismo como ¨manso¨ en Mateo 11:29, sino que lo demostró en todos los actos de su vida, y demandó de sus seguidores el ejercicio de la misma. Ver Juan 13:12-17.

Me ha llamado la atención el escuchar unas cuantas veces a personas el decir:–los cristianos somos mansos, pero no mensos—refiriéndose a casos en los que se quiere abusar de ellas o desconocer los derechos que les asisten, y me pregunto:  —¿están entendiendo lo que es la mansedumbre? O acaso ¿la están confundiendo con otra cosa? O ¿quieren usar la frase como un instrumento deshonesto y manipulador? Acaso ¿como una simple forma inocua de ver la vida?— Y vino a mi mente las ocasiones cuando el Apóstol Pablo apeló  a sus derechos como ciudadano romano. El primer lugar recurre a ese derecho estando en la ciudad de Filipos.. Los sucesos tuvieron lugar de la siguiente manera: Pablo y su compañero Silas fueron encarcelados por los magistrados de esa ciudad, quienes les acusaron de querer imponer costumbres ajenas a los ciudadanos romanos; les azotaron publicamente y les echaron en el calabozo de más adentro de la prisión. El siguiente día el carcelero recibió la orden de que los soltara y los dejara ir, y al hacerlo Pablo le dice: —Despues de azotarnos publicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos nos echaron en la cárce, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos— Al oir de este reclamo, los magistrados se atemorizaron y de inmdiato fueron a pedirles una disculpa y a rogarles que salieran de la ciudad. Bien pudieron Pablo y Silas entablar un juicio contra ellos, y les asistía el derecho, pero ¿valía la pena? ¿iba realmente a dejar una buena imagen de lo que eran los embajadores de Cristo? ¿daría gloria al Señor el meterse en un largo y tedioso proceso de juicio? Estos valientes misioneros tomaron como criterio los frutos positivos que aquella experiencia produjo, pues el carcelero y su familia se entregaron al Señor. Y lo del juicio lo echaron al olvido y siguieron con su incansable misión.

El otro caso aconteció cuando Pablo echando mano a sus derechos como ciudadano romano apeló ante Festo el ser juzgado por el Cesar de Roma. El peligro inminente que se avecinaba sobre el Apóstol Pablo era el que los tribunales religiosos judíos querían condenarlo a muerte, y esa fue la única via de escape para librarse de esos malvados propósitos. Y de seguro que Pablo consideró aquella circunstancia como una  provisión divina tanto para librarse del peligro como para hacer realidad sus deseos de estar en Roma para anunciar el evangelio a los romanos, y qué mejor que el llegar a esa ciudad protegido por una guardia romana, pues por todos lados le acechaba la muerte, por mano de los de su propia nación.

Definitivamente, no hay que confundir la mansedumbre con la cobardia. Ante una ofensa que reciba, la mansedumbre me impone el deber de no contestar con una ofensa mayor, el de buscar defender mis derechos, sí, pero con una actitud que dé lugar a que el Nombre del Señor sea glorificado, y su verdad reivindicada; si trato solamente de exhibir mi valor y defender mi dignidad argumentando que de mi nadie se burla, voy por camino equivocado. El Apóstol Pedro describe la mansedumbre de Cristo cuando dice: Cristo nos dejó ejemplo, para que sigamos sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni hubo engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.  (1 Pedro 2:2123).

Finalmente, son de gran trascendencia y relevancia las palabras de Cristo: ¨Aprended de mí que soy mando y humilde de corazon.¨  ¡qué declaración tan inspiradora¡ que constituye un principio perenne, perpetuo y eterno. Por supuesto que esto no va ha cambiar todos los problemas que hay en el mundo, pero en tu mundo sí.

Los que tienen hambre y sed de justicia. Mateo 5:6

El tema substancial del Sermón del Monte de principio a fin, es la atención seria a la ley de Dios tal y como está expresada en el Antiguo Testamento, la cual incluía normas referentes a los deberes del hombre con Dios, con el Estado, con la familia y con sus semejantes. El criterio predominante en este pueblo era el de alcanzar la justicia, interpretada como el estado ideal del hombre ante Dios, por medio de la obediencia al pie de la letra de esas normas. Jesús declaró su lealtad a la Ley en Mateo 5:17, y el propósito específico de su venida,—cumplir la ley—lo que nadie había podido hacer. Pero además hizo reflexionar a sus oyentes no en la letra de la ley, sino en el espíritu de la misma, es decir, en el amplio ámbito de su aplicación. Los escribas y fariseos habían ganado la fama de hombres justos, pero Jesús declaró que para entrar al reino de los cielos se requería una justicia mayor a la de ellos (Mateo 5:20), y lo dijo sin duda, pensando en aquellos que teniendo hambre y sed de justicia verdadera, exigían más de lo que veían en sus líderes religiosos, pues, estos, zanjaban un gran abismo entre lo que decían con lo que hacían, levantando serias sospechas a la legitimidad de sus pretenciones.

Interpretado esto a la luz del Nuevo Testamento no viene a la mente las palabras del Apóstol Santiago: Sed hacedores de la palabra y no tal solamente oidores (Santiago 1:22) La responsabilidad de quienes la escuchan, pero además está la responsabilidad de quienes la predicamos, pues es imperativo y determinante que la vivamos para no caer en el círculo vicioso de aquellos escribas y fariseos. Y ante los afanes de la vida, por los cuales el hombre tanto lucha, Jesús coloca una prioridad muy importante: ¨buscar el reino de Dios y su justicia,¨ adicionando una promesa: ¨todas estas cosas os serán añadidas¨ (Mate0 6:33), idicando por la palabra ¨justicia¨ ese estado ideal ante Dios expresado en buenas acciones hacia los hombres, respecto de lo cual los hambrientos y sedientos de ella ven satisfechos sus anhelos más profundos.

La ¨justicia de Dios¨ revelada en el evangelio y presentada en sus bellos matices en la Carta a los Romanos, es imputada a los creyentes en virtud no de sus buenas obras sino por la fe en Jesús como substituto del pecador con su muerte de cruz. La clase de justicia mencionada en el Sermón del monte es a la que hace referencia el Apóstol Santiago cuando dice que ¨la fe sin obras es muerta¨ Y todo esto es parte esencial del ¨fruto del Espíritu¨ producido por el Espíritu Santo en el creyente nacido de nuevo.

 
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Posted by on February 15, 2013 in Levanta el Animo

 

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