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TUS CRÉDITOS Y CREDENCIALES ¿ESTÁN VIGENTES? Parte 3

26 Mar

Los Misericordiosos.  Mateo 5:7

Esta bienaventuranza se plasma con las anteriores de una manera natural, armonizando en la contextura espiritual del carácter del súbdito del reino de los cielos, e identificándole con su Rey, como El es, así también debemos ser nosotros.

Cabe destacar que el atributo divino mejor conocido y generalmente aceptado por todos, es el de la misericordia. La Palabra de Dios, la Santa Biblia registra 16 diferentes palabras para referirse a ella, ocho del idioma hebreo y ocho del griego, esto nos corrobora la importancia que Dios mismo le otorga, y nos da una idea del gran caudal de material disponible para lanzarnos en una aventura fascinante si nos adentramos en un estudio amplio y detallado de este gran tema.

Clavaré la mirada en dos usos bíblicos de la misericordia, a los cuales me quiero referir. En primer lugar está la absolución del culpable ante un tribunal. La aportación paulina es sumamente instructiva al respecto.

En su Carta a los Romanos, el Apóstol abre la puerta de la Corte, con la presencia de la raza humana ante el tribunal de Dios. Allí se encuentran hombres y mujeres de todas las razas, pueblos, naciones y reinos; y lo hace en el preciso momento en que el Juez de toda la tierra pronuncia el fatídico veredicto final: TODOS CULPABLES, sin excepción; por cuanto todos han pecado: Judíos como gentiles, sabios como ignorantes, religiosos como incrédulos, ricos y pobres. En la gran pantalla que rodea aquella corte, se muestran los nombres de los millones de millones que han pecado, ¡todos culpables¡ Todo en la corte es confusión, frustración y dolor, y en el momento en que el Juez está para dictar sentencia, el ultimátum, aparece en toda su majestuosidad, un Cordero como inmolado. El Juez se pone de pie y sorpresiva y amorosamente, con una voz pura, dulce y musical, hace una invitación a todos: De tal manera amo al mundo, que doy a mi Hijo Unigénito para que todo aquel que él crea no se pierda, sino tenga vida eterna. Entrego a mi Hijo en propiciación por sus pecados. En este trance, millones se ponen de pie y exclaman: nosotros preferimos ganarnos la salvación por nuestras buenas obras; otros millones más, haciendo un gesto de desprecio comentan: nosotros queremos vivir nuestra vida en los placeres mundanos, y al momento de nuestra muerte nos arrepentiremos; otros millones queriendo justificarse a sí mismos y con aparatosidad religiosa, dicen: seremos religiosos a nuestra propia manera, al fin que todas las religiones son buenas; pero, antes de abandonar la sala y darle la espalda a Dios, se oye una voz patética y lamentable que expresa: ¨El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creido en el nombre del Unigénito Hijo de Dios.¨ Acto seguido, con sus oidos cerrados, abandonan la sala.

¡Bendito sea el Señor¡ los millones que permanecen en la corte son los redimidos por la sangre del Cordero, quienes de la misma manera como el pueblo de Israel entonó un hermoso himno celebrando la misericordia divina (ver Salmo 136), celebran la misericordia demostrada en la redención de sus almas, y de su corazón brotan ¡mil aleluyas¡ con el himno de Romanos 8:28 al 39, arreglado de la siguiente manera:

     Y sabemos que los que aman a Dios,… ¡Aleluya¡

     todas las cosas les ayudan a bien…¡Aleluya¡

   los que conforme a su propósito son llamados….¡Aleluya¡   Romanos 8:28

y así continúan con cada uno de los versos hasta llegar al verso 39,y con la última afirmación agregan:

¡Aleluya¡ ¡Aleluya¡ ¡Aleluya¡ ¡Aleluya¡ ¡Aleluya¡…

Antes de abandonar la Corte, el Cordero les da una gran comisión: Id por todo el mundo y predicad el evangelio, proclamen a todos como el Señor ha tenido misericordia de ustedes.

En segundo lugar, la misericordia se demuestra hacia alguien que está en una necesidad apremiante, como es el caso siguiente:

Caía la tarde de aquel azaroso día, y Abdiel se dirigía a su hogar profundamente abrumado; y cómo no iba a estarlo si su patrón anunció a sus empleados la revisión de las cuentas de lo que debía cada uno de ellos. La deuda de Abdiel era sumamente grande, y él no contaba con recursos financieros para cubrirla. Luchaba internamente con la pena de tener que compartirle a su esposa la gran carga que aprisionaba su pecho, pero sabía también que por más esfuerzos que hiciera por encubrir su angustia, finalmente su esposa, que lo conocía bien, terminaría descubriendo su gran problema.

El asunto era grave en extremo. Si Abdiel no pagaba a su patrón , éste podría embargarle todas sus pertenencias, y si después de hacerlo, no llegaba a cubrir la deuda, su patrón le convertiría a él y a su familia en esclavos para ser vendidos en el mercado. Implicaba para Abdiel no sólo perder sus pertenencias, sino lo más preciado, su libertad. El único camino que le quedaba era el de pedir a su patrón que le tuviera paciencia, y le diera un poco más de tiempo y le pagaría todo lo que le debía. Se llevó la gran sorpresa de su vida, pues su patrón movido a misericordia le perdonó todo lo que le debía. ¡qué alivio¡

Pasado un tiempo, este mismo hombre, Abdiel, se encuentra con un vecino que le debía unos cuantos pesos, y ni tardo ni perezoso le cobra la deuda. Su vecino que en ese momento no tenía con qué pagarle, le ruega que le dé un poco de tiempo y promete que le  pagaría todo; pero, Abdiel encendido en ira le maltrata física y verbalmente, y llega hasta el como de echarle en la cárcel. Enterado su patrón de sus acciones le llama la atención sobre su actitud con un reproche muy severo: ¨Siervo malvado,toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste ¿no debías tu también tener misericordia con tu vecino como yo tuve de tí? (Ver Mateo 18:21-35).

Ser misericordioso es dar a los demás, más de lo merecido.

Recibir misericordia es recibir más de lo que meremos. Si tenemos misericordia de otros, El Señor tendrá misericordia de nosotros. Leer 2 Timoteo 1:16-18     Santiago 2:12-13

El mayor anhelo de Jesús para nosotros es el ver reflejada en nuestra vida su propia imagen.

¿Cómo están nuestros créditos en esto?  Reflexionémoslo.

Los de limpio corazón.  Mateo 5:8

¿Corazón limpio? ¿Ver a Dios? ¡utopias, si utopías¡ es la exclmación de la mayoría de los hombres, y argumentan con un gran cinismo: si hubiera unos pocos con corazón limpio, todos los sucios que poblamos este mundo, ya los hubieramos echado a perder; y si alguén pudiera ver a Dios, ya todos le hubiéramos visto. ¡qué fácil salida del dilema¡ Estas palabra son absurdas, y lo mejor es ignorarlas. El mirar las cosas tan superficialmente da lugar a que este tipo de argumentos surgan y se manifiesten. Por el contrario, las palabras de Jesús son tan profundas que nos invitan a una seria reflexión.

La frase¨limpios de corazón¨no era asunto nuevo a los oidos de los oyentes del Maestro de Galilea. Por todo el Antiguo Testamento era el hilo dorado que unía al hombre con Dios, permitiéndole obtener claros y satisfactorios puntos de vista del carácter divino, además de disfrutar de una intimidad y deliciosa comunión con Dios. El mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, según reza en Deuteronomio 6:4-5, eran para el judío devoto, palabras de sangre y fuego, de vida o muerte. Sin embargo, aún hoy en día, frecuentemente se cae en el error de convertirlas en frases hermosas, en palabras que se lleva el viento, o que con uso continuo de ellas, pierdan toda la importancia que deben tener.

La expresión ¨verán a Dios¨ nos lleva a pensar en lo que el evangelista Juan declara: ¨a Dios nadie le jamás¨ (leer Juan 1:18), y Felipe, uno de los discípulos de Jesús le hace una petición muy desafiante: ¨Señor, muéstranos al Padre, y nos vasta¨  Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.¨ (leer Juan 14:8) Por lo tanto, podemos ahora decir que hasta antes de Jesús, nadie había visto a Dios, pero él, Jesús, el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

A la luz del Nuevo Testamento podemos ver que sólo se puede tener un corazón puro cuando Jesús es invitado a renovarlo y a vivir en él, y que sólo estando en esa condición, los ojos del alma son abiertos para ver a Dios. Hoy es posible tener un corazón puro por la redención que Jesucristo consumó con su muerte expiatoria, y es posible ver a Dios, pues es la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente. La mente de Dios llega a ser su mente, la voluntad de Dios llega a ser su voluntad, y su comunión es verdadera con el Padre y con el Hijo. (Leer juan1:1-11:  1 Corintios 2:13-16;  1 Pedro 1:18-21).

Los Pacificadores. Mateo 5:9

El pacificador debe ser una persona de un espíritu humilde, (primera bienaventuranza), sumiso (segunda bienaventuranza), manso (tercera bienaventuranza), dependiente de Dios (cuarta bienaventuranza), puro de corazón (sexta bienaventuranza) y totalmente comprometido al ministerio de la reconciliación entre Dios y el hombre, como entre hombre con el hombre(séptima bienaventuranza). Se puede deducir por lo tanto que la relación vertical del hombre con Dios es imperativa para que la relación horizantal llegue a ser efectiva.

Con este enfoque en mente quedan descartadas varias categorías de pacificadores que hoy se conocen, tales como los consejeros matrimoniales, los abogados, y toda clase de gente profesional en esta rama, sin dejar de negar lo mucho que han contribuido al bienestar de muchas personas. Jesús no estaba refiriéndose a los revolucionarios, aquellos que por la fuerza y rigor de las armas quieren cambiar el status cuo de la sociedad. Nótese que no dijo ¨los pacíficos¨, aquellos que no quieren comprometerse para no verse envueltos en problemas, o que simplemente no le hacen mal a nadie, pero que tampoco le hacen el bien.

La paz a la que refiere el pasaje es ajena de ser el fruto de la manipulación de circunstancias, tal como el mundo la concibe. Esta es la paz que poseé el hijo de Dios. Simplemente es la obra del Espíritu Santo a la fe y obediencia del creyente, sobre la cual el Apóstol Pablo marca la diferencia entre la paz como el mundo la ve, y como el creyente debe entenderla. (Leer Filipenses 4:4-7)

Los verdaderos pacificadores son aquellos que proclaman el evangelio de la paz que Dios quiere establecer con el hombre, y que modelan sus vidas en el Príncipe de Paz.

El ser ¨llamados hijos de Dios¨ hace referencia la similitud de la misión de ellos con la misión de Dios. Una observación pertinente; las dos últimas bienaventuranzas de este pasaje de Mateo 5:10-11 no hacen referencia al carácter interno de lo súbditos de este reino, sino mas bien a las consecuencias de su presencia y hacer en este mundo.

Nuestras credenciales como súbditos de este reino nunca serán canceladas, y nuestros créditos nunca nos serán suspendidos, pero nosotros ¿qué uso hacemos de ellos? Cada uno de nosotros debe contestarse esa pregunta.

¨Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos¨¨.

 Mateo  5:16-

 
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Posted by on March 26, 2013 in Levanta el Animo

 

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