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PADRE E HIJA –sendero de largo trecho–

30 May

¨El jueves negro de Pemex¨, asi se le designó al 31 de Enero del año 2013 por la explosión que tuvo lugar en el edificio B-2 junto a la Torre de Petroleos Mexicanos, uno de los rascacielos de la Ciudad de México, en la cual empleados, trabajadores y seres infortunados perdieron la vida. En un principio mentes calenturientas sembraron vientos de temor que hicieron pensar a muchos de la amenaza de un atentado terrorista, como los que tienen lugar en otros paises del mundo, y después de muchas investigaciones se descartó tal posibilidad.

De entre las muchas escenas descritas y difundidas por la prensa y la televisión, hubo una que llamó poderosamente mi atención. Fue el caso de un padre, trabajador de esa empresa. A su hijita de nos doce años de edad, le pidieron en su escuela, como tarea, que llevara por escrito una  descripción del trabajo de su papá; y justo en ese día, él la llevó, pues era su día de descanso. La presentó a sus compañeros de trabajo, y mientras le mostraba lo que hacía, las trágicas circunstancias del momento, les arrebataron la vida.

A continuación presentó dos casos más de padres cuya conducta hacia sus hijas, la considero ejemplar. En el primero se trata de un familiar muy cercano a mi esposa. En su matrimonio engendraron tres hijas, las cuales siempre han contado con el apoyo franco y sincero de su papá. El las quiere mucho, y desde niñas las gozó enormemente, siempre las apoyó, impulsó y respaldó en sus vidas; su anhelo creciente fue el verlas realizadas como hijas y como mujeres de bien. Las tres son amadas sin mostrar preferencia hacia alguna de ellas. La mayor es una gran escritora cristiana, la de en medio, una enfermera, y la menor estudió música. Las tres están casadas con esposos cristianos, y de verdad son de gran bendición en la obra del Señor.  El papá está orgulloso de sus hijas, y sus hijas están orgullosas de su papá

De seguro que mis amables lectores conocerán de muchos casos similares a estos, y qué bueno que sea así, porque así debiera ser, pero también mis lectores estarán de acuerdo conmigo, en que estos casos son sólo la excepción de la regla. La queja generalizada es justamente lo  contrario.

Por regla general se considera que el primer hijo engendrado es un matrimonio, sea un varón, para que se preserve el apellido del papá. Y el papá sueña con un futuro campeón en el deporte de su preferencia, y, de ser posible que hasta tenga el mismo oficio o profesión que él tiene. En la primera mirada al bebé recién nacido, el papá exclama lleno de orgullo: ¨igualito a su papá¨, y desde esa hora en adelante, las mejores atenciones, cuidados y esmeros por el hijo varón, sólo por el hecho de ser varón. En los dos primeros años del matrimonio podría justificarse esta actitud, pero con el nacimiento del segundo hijo o hija, esa actitud debe  cambiar, pues todos los hijos tienen los mismos privilegios y derechos.

Hace unos pocos años atrás no se conocían los ultrasonidos disponibles hoy, mediante los cuales se puede conocer el  sexo del producto antes de su nacimiento, y determinar las condiciones normales del bebé. En aquellos tiempos las damas embarazadas tenían que esperar hasta el alumbramiento para saber el sexo del bebé. Muchos fueron los casos en que pronósticos fallaron, donde parecía que nacería un varoncito, nació  una hembrita, y a la inversa. El tiempo de espera era de verdadera expectación.

El segundo caso que presento tuvo lugar en una de las instituciones de formación de pastores donde el Señor me dió el privilegio de impartir clases. Uno de los profesores que estaba recien casado compartió con sus alumnos su gozo porque su esposa ya estaba embarazada, y les   aseguró el nacimiento de un varón. Cuando llegó el feliz día del alumbramiento, les nació una linda bebita, y al compartir la noticia con sus alumnos, lo hizo naturalmente con mucha alegría. Uno de sus alumnos le hizo la siguiente pregunta:

—¿profesor, usted nos aseguró que iba a ser un varón?–

—Mi esposa y yo estamos muy felices de esta bebita que nos dió nuestro Dios, y desde ya, la hemos puesto en las manos del Señor—fue su respuesta.

A lo que el alumno replicó:

—Ponerla en las manos del Señor de arriba es fácil, esperen a cuando tengan que ponerla en las manos del señor de abajo—

Pasados unos 15 años, un día recibí una invitación a un recital de una soprano, mismo que se llevaría a cabo en una importante sala de conciertos de la Ciudad de México. Era la hija mayor de este profesor, quien para deleite de todos los asistentes, y para la gloria de Dios, con una voz dulce y melodiosa entonó bellos himnos que llenaron de gozo nuestros corazones, ¡Fue impresionante¡, sin embargo, para mí fue más  impresionante ver y admirar la dulzura, bondad, amistad y amor que había entre padre e hija, algo inusual para los tiempos en que todo esto tuvo lugar.

En nuestro matrimonio el Señor nos concedió dos hijos. Mi esposa tuvo varios abortos, así que es posible que algunos de ellos hayan sido ni niñas, a quienes Dios nos dará el gozo de conocerlas en el cielo. Actualmente tenemos tres nietos: dos varones y una niña, a quienes queremos mucho.

Conocí muchos casos muy negativos, no los menciono porque no es mi intención hacer famosos a los que cometen actos indecorosos, contra la mujer. Por los casos que he expuesto se pueden ver varias cosas dignas de emularse:  Hoy, los padres se envuelven en la vida de sus hijas particularmente, sin hacerles sentir que por el hecho de ser mujeres sean   menos valoradas; las impulsan y motivan a su preparación académica, y les hacen sentir que son útiles para desempeñar tareas y trabajos en el área profesional, y no solo en el hogar, como se pensaba antes; a la vez que son conscientes de la vulnerabilidad y acoso sexual que pesa sobre ellas por sentido de género.

Dichosos los padres que dan pruebas tangibles de su amor por sus hijas, y que no sólo demandan respeto, pero que ellos también las respetan. Además comparten con sus hijas de sus sueños, les hacen sentirse  seguras en estos días en que impera la inseguridad, en todo lugar, tiempo y circunstancias. Cuando hay tanta necesidad de amor, el saber que son amadas por sus padres, les permite combatir ese sentimiento de soledad originado por los padres que sólo proveen para sus necesidades físicas, ignorando sus necesidades afectivas; estas, entre otras muchas necesidades de ellas. Quiera Dios que esta categoría de actitudes, pronto sean la norma de conducta de todos los padres hacia sus hijas.

Debemos tomar nota de que cuando la Biblia habla de los hijos, no sólo se refiere a los hijos varones, también están incluidas las hijas, por eso me he permitido transcribir algunos textos bíblicos referentes a la relación de padres e hijos, y he incertado entre paréntesis la palabra ¨hija¨.

De la relación de padres hacia los hijos (hijas):

…Antes bien, las enseñarás a tus hijos (hijas), y a los hijos (hijas) de tus hijos (hijas).

Deuteronomio 4:9

Dejad a los niños (niñas) venid a mí, y no se los impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Mateo 19:14

Instruye al niño (niña) en su camino, y cuando fuere viejo no se apartará de él.

Proverbios 22:6

Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos (hijas), sino criadles en disciplina y amonestación del Señor.

Efesios 6:4

…que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos (hijas) en sujeción con toda honestidad.

1 Timoteo 3:4

De la relación de hijos (hijas) hacia los padres:

Hijo (hija), Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Exodo 20:12

Oye, hijo(hija) mio, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre.

Levítico 19:3

Guarda, hijo (hija) mio, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre.

Proverbios 19:3

Hijos (hijas), obedeced en el Señor a vuestros padres.

Efesios 6:1

Pero si alguna viuda tiene hijos (hijas), o nietos (nietas), aprendan estos primero a ser piadosos con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable a Dios.

1 Timoteo 5:4

Sin duda, estas pocas citas bíblicas nos han sido útiles para darnos cuenta de la importancia concedida por Dios a las relaciones de los padres con los hijos e hijas. La imagen que las hijas tengan de sus padres es trascedental en su formación como seres humanos. No sólo es asunto de engendrarlas, criarlas y educarlas; hay un sendero de largo trecho que recorrer. Los tiempos en que vivimos lo demandan y lo imponen.

 
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Posted by on May 30, 2013 in EL GPS DIVINO

 

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