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PUNTUALIZACIONES EN EL LIBRO DE NÚMEROS (PARTE 2)

04 Dec

PROFESANTES Y CONFESANTES

Introducción

 No se hace indispensable vivir en una ciudad para entender los muchos inconvenientes que causan a sus habitantes, las manifestaciones masivas y violentas, disturbios y alborotos de gente descontenta  por los diversos problemas que sacuden a la estructura social. Como bien lo sabemos, se da en todas partes del mundo, y nada más lamentable son las consecuencias de lo que suele ocurrir.

¡Insólito¡ No podría concebirse que algo semejante pudiera registrarse en la Biblia. El Libro de Números asienta en sus páginas varias de esas manifestaciones masivas. ¿Qué incongruente nos parece el imaginarnos a cientos y tal vez miles de hebreos portando pancartas con leyendas  hirientes contra Moisés, y marchando en círculo y vociferando los peores vituperios¡ ¿Quiénes fueron los líderes o cabecillas? ¡Cuál fue el motivo? ¡cuáles los resultados?

Varias y frecuentes fueron las manifestaciones masivas del Pueblo de Israel en el desierto. El Libro de Números hace alusión a cuatro de ellas. Me voy a referir sólo a una, la que está registrada en el capitulo 11, versículos 4-6:  ¨Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne¡ Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca, pues nada sino este maná ven nuestros ojos¨ A esto lo podríamos llamar: El colmo de la decepción.

El Exodo de los israelitas de Egipto fue una magnífica oportunidad para que muchos que no eran hebreos, y que sin duda tambien eran esclavos, alcanzaran la libertad de tan dura servidumbre. ¿Cómo se colaron? No lo sabemos, tal vez fingiendo que también eran hebreos, haciendo las cosas que ellos hacían, hablando de la manera como ellos hablaban, fingidamente adorando al Dios que adoraban los hijos de Israel, de tal forma que pasó por inadvertida su presencia. Finalmente, por el hecho de convivir con ellos, se sentían merecedores de todos los favores que Dios otorgaba a su pueblo ¡Qué fin amargo para un principio tan bueno¡

Sí, en esta ocasión fueron ellos los líderes, cabecillas que influyeron de tal manera sobre el pueblo, espiritualmente decrépito, que aunque parezca paradógico, sin mucho esfuerzo, en unos momentos ya lo tenían de su lado, ¿Cuál fue el motivo? Ya estaban cansados del maná, y ahora querían carne.

La condición del corazón humano está a la vista, lleno de síntomas insalubles, y baluarte de la obstinación y el orgullo. Tenían memoria de las cosas que Egipto les daba para satisfacer los apetitos de la carne, pero olvidaban el alto precio que tenían que pagar por ellas, y la onerosa esclavitud a la que estaban sometidos.

Vale la pena recalcar el marcado contraste entre los hechos de Dios, como eran la protección y la provisión diaria del maná en el desierto; y la ingratiud del hombre teniendo en baja estima todo lo que Dios le provee. ¡Cuídate del descuido¡ si eres hijo de Dios, nunca pierdas de vista todo lo que Dios te provee ni lo tengas a él como tu proveedor sólo de lo material. Las viandas del mundo nunca podrán alimentar la nueva naturaleza del que ha nacido de nuevo en Cristo.

¿Cuáles fueron las consecuencias?  

El versículo 10 lo expresa claramente: ¨la ira de Jehová se encendió en gran manera¨  Cuando el hombre desprecia la benignidad de Dios, tiene en poco su amor y su misericordia, y es ciego a sus bondades, a lo único a lo que queda expuesto es a su ira. Muchas personas son de la opinión de que si Dios hiciera hoy los grandes milagros que hizo en Egipto con la Nación de Israel, se acabaría la rebeldía y la incredulidad de muchos, pero el pasje nos dice lo contrario; aquella gente extranjera vió las grandes señales que Dios hizo, no sólo eso, fueron objeto indirecto de ellas, y con todo la dureza de su corazón acarreó la ira de Dios.

Mucho es lo que podemos decir sobre la ira de Dios, y corremos el riesgo de ser tenidos por mal intencionados o fanáticos, pero dejemos que sea la Palabra misma de Dios, la que nos aclare el camino sobre tan importante verdad, ya que son muchas la referencias biblicas a nuestro alcance.

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mimso. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.

¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?  ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?  Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo jucio de Dios.   Romanos 2:1-5

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.  Juan 3:36

La ira de Dios sobre los hijos de Israel se menciona once veces en el Libro de Números, y tres de ellas en el capítulo 11 que nos ocupa. Lo interesante y que vale la pena destacarlo de este pasaje, es el hecho de la intercesión de Moisés a favor de su pueblo, pues este penoso incidente también le afectó a él. Dios le escuchó y detuvo su juicio contra los rebeldes.

De los dos pasajes del Nuevo Testamento citados arriba, el primero hace referencia al hombre moralista, quien es severamente cruel en sus juicios, y además se cree con el derecho de juzgar a los demás hombres por sus malos actos, sin aceptar su propia condición de pecador delante de Dios. Y lo único que atesora es ira para el día de la ira del justo juicio de Dios.  El segundo pasaje se relaciona con el hombre que habiendo recibido el mensaje del gran amor de Dios al entregar a su Hijo a morir por el   pecado, Porque no envió Dios a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3:17), rehusa aceptar el salvoconducto que Dios ha provisto para librarle de la condenación. Quien rechaza el amor de Dios, queda expuesto a su ira, irremediablemente.

PROFESANTES Y CONFESANTES  

¿Quién es quién?  

El profesante dice ser. Manifiesta simpatía hacia una creencia religiosa. El confesante dice: soy, con ello manifiesta ser verdad lo que Dios ha hecho en su vida, de lo cual da testimonio con sus propios hechos. Del primero, la Epístola de Tito capitulo 1, versículo 16 dice: ¨profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.¨  

Tenemos suficientes evidencias históricas de la presencia de ellos entre el pueblo de Dios. Sucedió en el desierto, como lo estamos considerando; en la Nación de Israel en diversos momentos de su historia. En la Iglesia Apostólica; en los tiempos de Constantino; en los tiempos de la Reforma y de los Concilios eclesiásticos, y en el Cristianismo convencional de nuestros tiempos. Hay muchas personas en nuestros días que profesan el Cristianismo, pero sus corazones están vacios de Cristo.

En todos estos casos, Satanás sembró y sigue sembrando la cizaña, como bien lo expreso Jesucristo en su Parábola del Trigo y la Cizaña:  ¨El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormian los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo y se fue.  Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.  Viniveron entonces los siervos del padre y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?  El les dijo:  No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores:  Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.¨  

El Señor Jesucristo no sólo presentó la parábola sino que también le dió su interpretación:  ¨El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el in del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recojerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.¨ (Mateo 13:24 al 30 y 36 al 43)

Dado que Jesucristo expusó con lujo de detalles cada parte importante de esta parábola, no hay necesidad de más comentarios.

Nacer de Nuevo  

En cierta ocasión llegó a la iglesia que pastoreaba, cierto matrimonio joven. Platicando con el esposo, le pregunté cómo había llegado a los pies de Cristo, y su respuesta fue:

–Mi padre profesaba el Mormonismo, y toda la familia asistimos con él por varios años a la iglesia Mormona. Una cierta mañana nos comentó:

–No vamos a asistir más a esa iglesia—

Mi padre leyó esa mañana los primeros tres capítulos del Evangelio de Juan, y le llamó la atención el mensaje de los versículos 11 al 13 del capítulo 1, ¨A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios¨ siguió leyendo, y al llegar al capítulo 3 y versículo 3 ¨De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios¨ vino a la reconditez de su mente y a su conciencia una pregunta personal y muy penetrante: ¿Pedro, has nacido de nuevo?—

Al despedirme de aquel matrimonio, concluimos con nuestra conversación dejando en claro lo que la Biblia enseña al respecto; que no son los años que podamos pasar en una iglesia, ni lo mucho que conozcamos la Biblia y de nuestra filiación religiosa; sino el de entregarle a Cristo el corazón y recibirlo como el único medio por el cual Dios perdona nuestro pecado.    

¿Eres un cristiano nacido de nuevo?

 

 

 

 

 
 

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