RSS

¨LA PIÑATA DE LOS NIÑOS¨ Que Jamás Olvidaré

11 Dec

A los niños les encanta la Navidad, los llena de alegría, disfrutan las luces de colores, las fiestas, las posadas, las piñatas y los regalos. A todos, niños, jóvenes y adultos, la Navidad nos envuelve con su magia, su encanto y sabor único entre todas las fiestas del año.

Para la Navidad del año 2013 sentí el impulso de escribir sobre una de las experiencias vividas en mi niñez. Recomiendo a los padres leer este artículo, y después recomendar a sus hijos menores de doce años a leerlo también.

El Pastor

Tenía yo entre ocho y diez años de edad, cuando vino al pueblito donde vivía, un Pastor cristiano que nos enseñó la Palabra de Dios. Nos dijo que el Señor Jesús era una persona muy importante. Nos habló de su humilde nacimiento en un establo, acompañado de vacas, asnos, caballos y borregos; que fue tan pobre o más de lo que nosotros éramos. Nos dijo de los ángeles y los pastores; de los magos del Oriente y del cruel rey Herodes que lo quería matar; nos dijo del cómo y el porqué de su muerte en una cruz, y de su resurrección de entre los muertos. Todo esto, sin dejar de contarnos de los muchos milagros que hizo, y de la mucha gente que lo seguía porque querían escuchar sus preciosas enseñanzas.

Los Niños

Entre aquella gente había hombres y mujeres de la tercera edad, adultos, jóvenes, y niños que eran llevados por sus papás.  De estos últimos, es decir, de los niños, a las personas que estaban más carca de Jesús, les molestaba porque no querían que se le acercaran los niños para distraerlo de lo que El estaba enseñando, pero el Señor Jesús nunca se molestó, por el contrario, él los quiso mucho, tanto que reprendió a esas personas por su actitud, y les dijo que no les prohibieran a los niños acercarse a él, ¨porque de los niños es el reino de los cielos.¨ En otra ocasión, tomó Jesús a un niño y lo puso en medio de sus oyentes, diciéndoles que cualquiera de ellos que no se volviera como un niño, no entraría al reino de los cielos.

Las Posadas

Recuerdo bien, cuando yo tenía esa edad, en un mes de Diciembre muy cerca de la Navidad, mi mamá se enfermó, fue al doctor, quien le indicó que su condición de salud era muy delicada, por lo que era urgente se tomará la medicina que le había recetado; era medicina muy cara y que si no tenía el dinero, lo consiguiera pues corría el peligro de morir.  Me sentí muy triste al verla acostada sin poderse levantar y enferma, sin contar con un centro de salud u hospital donde se pudiera internar. En esos días mi papá se encontraba lejos trabajando, y no teníamos manera de poderle avisar.  Entre los bonitas enseñanzas de aquel Pastor, recuerdo aquella que él tanto enfatizó: El Señor Jesucristo ama a los niños, los cuida y escucha sus oraciones. Le pedí nos enviara el dinero necesario para comprar, no juguetes para mí, aunque me hubiera gustado, sino para la medicina de mi mamá.

La Piñata

Todos mis amigos estaban muy contentos porque se acercaba la Navidad, yo no. En el pueblo donde vivía se tenía la costumbre de celebrar las posadas en las calles; y los niños lo que más disfrutan son las piñatas. En esas posadas había piñatas para los adultos, los jóvenes y los niños. Cuando se quebraba la piñata de los adultos, ningún joven ni niño se debía arrojar a recoger de la fruta y dulces que contienen. Y así se hacía con cada edad. Cuando llegó el momento de quebrar la piñata de los niños, me acerqué lo más que pude, siempre cuidándome de no recibir un garrotazo. Cuando se quebró la piñata, nos arrojamos todos los niños para recoger la fruta y dulces que mas pudiéramos. Yo llevé una bolsa, que la llené de fruta y dulces.

El Reloj  

Cuando llegué a casa, vacié todo sobre la mesa, y me llevé una gran sorpresa, pues entre la fruta y los dulces apareció un reloj de bolsillo; uno de esos relojes que en aquel tiempo usaban los abuelitos, mismos que se los congaban por una cadena a su cinturón y los metían a la bolsa de su pantalón, y cada vez que querían saber la hora, lo extraían de sus bolsas. Era muy fino, de una marca reconocida y chapeado todo en oro, tanto la cadena como el reloj; como era de mucho valor, tomé todas las precauciones posibles para que nadie me lo fuera a robar. Aunque quería , quedarme con él, si alguien lo reclamaba como suyo, tendría que entregarlo con todo el dolor de mi corazón.

El Dueño  

Pasada una semana, un buen día tocaron a la puerta de mi casa, abrí para ver quien era. Un señor, bajito de estatura y algo subido de peso, como de unos setenta y cinco años de edad; después  de saludarme me preguntó:

–¿Tú te encontraste un reloj de bolsillo, de oro?—

No debía mentir, y le constesté, si. Me dijo:

–Ese reloj es mio, yo lo perdí o me lo robaron, ¿Me lo puedes devolver?–

a lo que yo le hice la pregunta:

—¿Sabe usted cuándo, dónde y cómo lo perdió?—

El comentó que unos días previos a la fecha en que yo lo encontré, había asistido a una fiesta donde hubo mucha gente, y fue allí donde lo perdió. Le hice una pregunta más:

–¿no asistió usted a la posada de tal fecha y lugar?–

El sabía que yo me había encontrado el reloj, pero no le dijeron ni fecha ni lugar.

—Esas posadas son muy noche, y a mi no me gusta desvelarme–fue su respuesta.

Con sus respuestas me dí cuenta de su honradez y sinceridad. Por último, le pedí que me diera todos los detalles propios del reloj, como eran: marca y tamaño de las manecillas, y otros. Todo me lo contestó con tanta presición que no había duda, era su reloj, y se lo entregué.

Oración Contestada

Feliz y contento, ya para despedirse, aquel distinguido varón, me entregó un sobre cerrado y me dijo:

–Es dinero, te lo doy no porque te esté comprando el reloj, sino por tu buena acción–.

Después de que él se retiró, abrí el sobre, y para mi sorpresa contenía la cantidad de dinero que necesitaba mi mamá para su medicina, y un poco más, cantidad que usé para comprar un juguete que me gustaba mucho.

Le di gracias a Jesucristo, y comprobé su misericordia al escuchar y contestar las oraciones de los niños.

Muchas preguntas se quedaron sin respuesta en mi mente, algunas de ellas fueron: ¿Cómo fue que el reloj llegó a la posada? ¿Estaba entre la  fruta y los dulces? si estaba dentro de la piñata ¿como pudo soportar tantos golpes? ¿por qué nadie lo vio en el piso?  En ese momento no me importó mucho ninguna de esas preguntas, sólo me gocé en la forma como el Señor contestó mi oración.

Amiguito mio:

si tienes un problema o una necesidad, o alguno de tus familiares está enfermo, ora al Señor Jesucristo; con tus ojos cerrados, dile cual es tu problema o necesidad, hazlo con tus propias palabras, sin preocuparte de cómo las digas, él conoce todas nuestras necesidades. Nos ama a todos, sin importar edad, color o raza, y murió en la cruz para perdonarnos de todos nuestrso pecados, por eso debemos poner toda nuestra fe y confianza en él; y obedecerlo en todo lo que manda en su bendita Palabra.

Sí, claro que sí, Jesucristo escucha la oración de los niños, yo lo comprobé.

Compruébalo tú también.

 
Leave a comment

Posted by on December 11, 2013 in Uncategorized

 

Comments are closed.

 
%d bloggers like this: