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¨AUNQUE MI PADRE Y MI MADRE ME DEJARAN,…¨

23 Feb

…Con todo, Jehová me recogerá.¨  (Salmo 27:10).

Todos los padres lo sabemos muy bien, no es lo mismo cuando los hijos llegan al seno de una familia, que cuando los hijos se van, y el nido queda vacío otra vez. Así es la vida, tiene sus ciclos naturales, y hay que aceptarlos, aunque los padres rehuyan la nostalgia al verlos salir  y despedirse de ellos. Encuentro siete diferentes circunstancias relacionados a esto, y son:

 Cuando los Hijos Pierden a sus Padres.

Abrigo la firme convicción de que este pasaje  se refiere a hijos cuyos padres han muerto. Hijos que son temerosos de Dios, y por los mismo, aceptan resignadamente su divina voluntad. Tal vez hijos de escasa edad, que por esa misma razón justificadamente son dependientes de sus padres, no a hijos mimados o abusadores, de los cuales hay muchos en nuestros días, y que hieren reciamente el corazón de su progenitores, sino a hijos instruidos por sus padres en la Palabra de Dios, y que verdaderamente  les admiran y están agradecidos al Señor por ellos.

No cabe aceptar que estén considerados aquí aquellos casos en los cuales los padres no reconocen sus obligaciones con sus hijos y los abandonan, mismos que terminan bajo la tutela del Estado cuando bien les va, y en el peor momento son víctimas de drogadicciones, y una carga para la sociedad; seres infortunados, disfuncionados, y desubicados.

Los padres a los que se refiere el texto están confiados en las promesas del Señor, y saben que sus hijos no caerán en la indigencia cuando Dios los llame a ellos a su presencia.  ¨Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo  desamparado, ni su descendencia que mendigue pan¨ (Salmo 37:25).

Cuando los Padres Pierden a sus Hijos.

¨y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.¨ (Mateo 19:25)

La pérdida de los hijos por enfermedad o algún accidente, es un fuerte golpe emocional, una pérdida irreparable, heridas de corazón que toman buen tiempo para sanar.

El que los hijos se casen y formen un nuevo hogar, no debe considerarse como una pérdida, sin embargo, las diversas circunstancias en que dicha transición suele darle, si llega a sembrar esos sentimientos. Hijos que se casan sin el consentimiento de los padres, inmaduros sobre lo más elemental e irresponsables, son una verdadera lástima.

Otro tipo de pérdida que experimentan los padres respecto a sus hijos, es aquella en la que los hijos pasan a un segundo o tercer término en la estimación que merecen, causada por relegarlos  y dejarlos sin la atención que requieren.

Paso a considerar un evento bíblico sumamente triste y de fatales consecuencias.  

Absalón, hijo de una de las esposas de David, víctima de la ambición por el poder usurpó el trono de Israel y persiguió a su padre dispuesto a arrebatarle la vida. Debido a los muchos problemas del rey David con sus enemigos, no le dio a su hijo Absalón toda la atención que éste requería. Viéndose Absalón perseguido por los soldados de David, se internó en un bosque, quedando colgado de una encina, y Abner un fiel soldado de David, vino y lo mató (2 Samuel 18:9-15).

David lloró amargamente por la muerte de su hijo, a quién había perdido, no en ese momento, sino desde mucho tiempo atrás. Consecuentemente también Absalón había perdido a su padre.  ¿Sienten los hijos que nos han perdido porque nosotros los hemos perdido a ellos? Acaso ¿hemos perdido su respeto y admiración? Si este fuera tu caso, no demores en pedir perdón a tu hijo y recupera nuevamente su confianza, antes de que lo pierdas definitivamente.

Cuando la esposa pierde al esposo, y después los hijos se casan o mueren.  

¨Cuando llegó cerca  de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difundo, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.¨ (Lucas 7:12)  

Este fue el triste caso de la viuda de Naín. Practicamente se había quedado sola en este mundo, todas sus esperanzas se habían ido con el hijo que ya había muerto. Muy grande era su dolor, y más aun el vacio de su corazón y de su existencia. Caso parecido fue el de Noemí, del que nos ocuparemos más tarde.  

En lo que a las viudas se refiere, las Biblia las clasifica en tres categorías. Está en primer lugar la viuda de esposo muerto, pero con hijos. En este caso claramente se expresa que los hijos deben cuidar de sus madres en su vejez, sean casados o no, para que no sean carga al Estado ni a la iglesia.  El otro caso es el de esposas y madres que han perdido a ambos, es decir, a esposo e hijos. A ellas les llama la Biblia: ¨las que en verdad son viudas¨, y el cuidado de ellas lo encarga a la iglesia.

¿Se olvidó Dios de las viudas? En el Antiguo y Nuevo Testamentos se pone mucho énfasis en la responsabilidad que tenemos de cuidar de ellas.  El tercer caso lo refiere a viudas jóvenes, mismas que deben trabajar para su sostén, casarse y criar a sus hijos.

Cuando el Esposo pierde a la esposa.  

¨Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara.¨ ¨Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer…¨ (Génesis 23:1,19).  

 El índice de mortadad es mayor en el hombre, razón por el cual hay más viudas que viudos, aún así son muchos los casos en los cuales la esposa muere primero. Aconteció de esa manera con Abraham. Sara su mujer murió primero, después de muchos años de matrimonio.   En edad avanzada de ambos conyuges, para los dos resulta difícil enfrentar este triste acaecer. Si se trata de padres jóvenes con hijos, siendo aún niños, la pérdida de la esposa y madre, dejará un vacio dificil de llenar plenamente; y el padre prefiere asumir la responsabilidad de padre y madre a la vez.  

Otra situación más que se da es la de padres mayores de edad casándose con mujeres muy jóvenes, lo cual a los hijos los pone en posición muy incómoda, pues es mucho más fácil para ellos respetar a una persona mayor que a una menor que ellos.  Esto es algo en lo que los padres deben ser coherentes y pensarlo detenidamente.    

Cuando los padres e hijos fallecen, menos uno de los hijos.  

¨Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset¨ ¨El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga misericordia? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.¨ ¨Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.¨  (2 Samuel 4:4; 9:3,13).  

El caso de Mefi-sobet puede considerarse un caso extremo. Lisiado de sus pies desde los cinco años de edad, quedó huérfano a la muerte de su padre y de su abuelo en pleno combate contra los enemigos de Israel. Cualquiera calificaría su infortunio como un castigo de Dios y plenamente olvidado de la mano del Todopoderoso. En el momento en que menos lo esperaba fue llamado por el rey David; le restauró todo lo que había sido de su padre, y de ahí en adelante se sentó a la mesa del rey. Dios no se olvida ni del huérfano ni de la viuda. En Mefi-boset el texto del Salmo 27:10 se cumplió al pie de la letra.  

El Caso de la Desamparada Noemí.  

¨Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus hijos y de su marido.¨ (Rut 1:3-5).    

Tintes dramáticos presenta este caso. El hambre de la tierra de Israel orilla a Elimilec y a su familia emigrar a Moab. Para la mala fortuna de Noemí, allí perecen su esposo y sus dos hijos, ya casados con mujeres moabitas. Viuda, desamparada y viviendo en tierra extraña, su única salida es regresar a Belén, donde originalmente había vivido y tenía parientes.    

¡Oh sorpresa¡  Al despedirse de sus dos nueras, una de ellas, toma la decisión practicamente de adoptarla como su madre, dejando en Noemí la decisión de adoptarla a ella como hija; al entrar en tal relación, Rut renuncia a su tierra y sus dioses, a cambio del Dios de Israel.

A todo lector del Libro de Rut le impacta la personalidad de Noemí. Resignadamente acepta la voluntad de Dios sobre su esposo e hijos, y se somete a ella; asumió su papel y responsabilidad de esposa, madre y suegra. No hay en el libro una sola nota que nuble su carácter e integridad. Su piedad y bondad cautivaron el corazón de Rut, y siguen cautivando el corazón y la atención de miles de viudas desamparadas en todo el mundo, a someterse en fe a Dios, resultando en victoria sobre las circunstancias adversas de la vida.  

No una Despedida Definitiva, sino una Breve Separación.  

¨No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.¨  (Juan 14:1-3)  

Jesucristo hace preciosas promesas a todos los que creen en El. Después de morir en la cruz y ser sepultado, se levantó de la tumba, ascendió al cielo, la casa de su Padre, a preparar lugar para los suyos, para que donde él está, estemos nosotros también. Por lo tanto, todos aquellos que han sido llamados antes que nosotros, abrigamos la firme esperanza de que les veremos otra vez.

Descansando en tan hermosa promesa, el Apóstol Pablo exhortó a los creyentes a no llenarse de tristeza a la partida de un ser querido, pues no se trata de una despedida definitiva, sino de una breve separación (1 Tesalonicenses 4:13-14).  

Conocí por algunos años a una viuda que recibió a Jesucristo con mucho gozo en su corazón. Fue una fiel creyente y testigo de él en todo tiempo y lugar. Tenía un hijo por el que pedía oración a los creyentes para que también se entregara a Cristo, y dejara su mala manera de vivir. Cuando el Señor la llamó a su presencia, aquel hijo de unos treinta años de edad, lloró amargamente por su partida. Hablé con él y le mostré el gran amor de Dios para perdonarle, y darle la esperanza de algún día volver a ver a su madre. Dios tocó su corazón, y él también recibió a Cristo como Salvador. De ahí en adelante su vida fue transformada.  

¨Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.¨ (Romanos 14:8).  

¨Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.¨  (1 Corintios 6:20). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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Posted by on February 23, 2015 in ¡A P A G A T U S E D¡

 

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