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C I R C Ú L O S V I C I O S O S

24 Jun

¿Por qué en Israel no deja de repetirse aquel refrán que dice: ¨Los padres comen uvas agrias y a sus hijos se les destemplan los dientes¨?    Ezequiel 18:2  Versión Dios Habla Hoy    

El profeta Ezequiel pertenece al período del exilio judaíco. Profetizó a su pueblo en la tierra de Babilonia. Era descendiente de familia sacerdotal. Su profecía se caracterizó en que fue dada por medio de visiones, varias de ellas apocalípticas, es decir, referentes al futuro y por medio de símbolos. Al igual que el profeta Isaías fue llamado al ministerio profético por medio de una visión de la gloria de Dios. Llama la atención que Ezequiel es el único profeta a quien se llamó: ¨hijo del hombre¨, el mismo título que se le dio a Jesús durante su ministerio terrenal.  

Uno de los pocos capitulos en este libro dedicado a señalar conductas equivocadas de su pueblo, es el capítulo 18, en el cual se hace incapie en la responsabilidad personal de cada ser humano delante de Dios, dando por sentado dos cosas: el alma que pecare, esa morirá, pero el que se arrepintiere, alcanzará misericordia.  (Recomiendo al lector leer el capitulo entero).  

No todos los dichos populares son necesariamente una verdad, aquí tenemos un ejemplo. Los padres eran culpables de lo que eran y hacían sus hijos, dejando de lado la infuencia del medio ambiente y del inconsciente. En la conducta humana está comprobado como el medio ambiente juega un papel muy importante; si fue negativo: todos mienten y nadie dice la verdad, todos hacen lo malo y nadie hace lo bueno, y con modelos negativos: padres alcohólicos, irresponsables, ausentes, madres dominantes y abusadoras. Encontramos en la trayectoria de la vida que inconscientemente repetiremos esos patrones aun siendo viejos. Para la gran mayoría resulta imposible romper con esos moldes.    

Lo más común en este caso es no aceptar responsabilidad personal alguna ante Dios, y echarle la culpa a los demás. Algunos señalan a Adán, la excusa más antigua y sin ninguna validez admitida por Dios; para otros son los maestros por no enseñar eficientemente, también los líderes religiosos son señalados como culpables por no inculcar valores reales. No podemos pasar por alto a los amigos, quienes llegan a tener gran influencia sobre nosotros, y por último los padres, como en el caso que estamos considerando. Sabemos que no debemos seguir cometiendo los mismos que ellos cometieron, y que debemos imitar lo bueno que ellos hayan hecho. En una palabra, –todos son culpables, menos yo. ¡Colosal error¡  No nos gusta tener que enfrentarnos con esta verdad, y además nos debe parecer incongruente estar dentro de esos círculos viciosos.  

Considero que es esencial para nuestra vida ver el cómo y el por qué debemos evitar esos círculos viciosos. Dios nos creó a todos distintos aunque fisicamente podemos parecernos a nuestros padres, no existen dos personas iguales en este mundo. Para ilustarlo mejor, se dice que cuando te creó a tí, quebró el molde, e hizo lo mismo con cada uno de nosotros. El Señor nos creó a su imagen y semejanza, por eso le asiste el derecho de pedirnos cuentas de nuestros actos morales. Aunque él nos creó a todos, sin embargo, tiene un propósito para cada uno; y conocerlo debe ser una búsqueda incesante, directa e íntima.  

Se define la religión como el esfuerzo del hombre para encontrar a Dios, y cada religión ha elaborado desde una perspectiva humana, su propio camino, rasgo tan característico de nuestro tiempo, y el principal de esos caminos, la propia justicia humana ganada por medios humanos, por buenas obras. En cambio, a la fe cristiana se le ha defindo como el esfuerzo de Dios para revelarse al hombre, siendo Su palabra y la persona de Jesucristo los medios como la ha llevado a cabo.  La necesidad básica del hombre no es una religión, sino una relación con su Creador, con Dios, y esa relación sólo es posible realizarla mediante Jesucristo, quien vino a este mundo para darnos vida en abundancia a los que estamos muertos en pecado.

Otro refrán más conocido es aquel que dice: ¨Quien la hace la paga¨ y en el capítulo 18 se presentan los siguientes casos: Un padre justo que tiene un hijo malvado; las justicias de su padre no le salvarán a él. Y un padre malvado cuyo hijo no sigue sus caminos, el hijo no tendrá que pagar por los pecados de su padre. Y concluye el capítulo dejando en claro que se trate del padre, del hijo o del nieto, todos los que obren bien serán recompensados, y todos lo que hagan el mal serán juzgados por sus delitos. Todos necesitan del arrepentimiento para ser aceptos a Dios. La justicia de Dios se pone de relieve en dos exhortaciones: una moral ¨–no quiero la muerte del pecador¨; y una exhortación de amor ¨–sino que se arrepienta y viva¨.  

Puntos de observación de mucho interés son:  Aunque en este pasaje no se refiere a la muerte y vida espiritual, sin embargo, bien pueden se incluidas. La justicia a la que se refiere no era la justicia por la fe en Jesucristo, sino la justicia alcanzada por la obediencia a la ley, expresada principalmente en el respeto a Dios y al prójimo. Por supuesto la moral depende casi en su totalidad de la espiritualidad.

Finalmente, la lección y aplicación universal es: Todo hombre y mujer son responsables ante Dios de su propia condición espiritual, por eso la salvación es personal, y la decisión para aceptarla o rechazarla es también personal. La salvación no es herencia de los padres, es dádiva de Dios, otorgada mediante la fe en Jesucristo como Salvador y Señor. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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Posted by on June 24, 2015 in INMINENTE E INEVITABLE

 

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