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¡HOMBRE BLANCO ESTÁ LLORANDO¡

21 Jul

En una de las muchas oportunidades que tuve de asistir al Concilio de mi denominación madre, La Alianza Cristiana y Misionera, escuché el testimonio de un misionero, mismo que impactó mi vida, y la de muchos que le escuchamos; él nos compartió lo siguiente:

—¨Mi familia fueron mis papás y un hermano mayor que yo, quien contaba con diez años y yo con siete.  Un accidente en el deporte que mi papá y él practicaban le arrebató la vida, yo lo quería mucho y nos llevábamos muy bien.  En la cultura de la nación de Europa a la que pertenecíamos no era bien visto el llorar en público. Todos lloramos la muerte de mi hermano, pero lo hicimos en casa, sin embargo, en el funeral no pude reprimir mi tristeza y empecé a llorar, cuando vi los rostros de mis padres, simplemente les pareció insostenible la expresión de mi sentimiento.

Al terminar mis estudios seculares y teológicos, Dios nos llamó a mi esposa y a mí a la obra misionera. Fuimos enviados a una aldea de una nación del Africa. Pasamos un año aprendiendo el dialecto de la tribu que la habitaba, a la vez que hacíamos todo el esfuerzo posible por anunciar las verdades del evangelio. Después de dos años sin ver a ningún miembro de esa tribu a los pies de Jesús, muy a pesar de todo nuestro trabajo, confieso que empesamos a ser presa de la desesperación. La gente nos aceptaba y nos trataba bien, de manera que no podíamos atribuir al rechazo o antipatía la falta de conversiones. Estábamos perplejos, razón suficiente para incrementar nuestro tiempo en oración en completa dependencia de nuestro Dios.

Ocupados y preocupados por esto, de pronto aquella aldea fue atacada por una epidemía intestinal. Por esta causa varios niños murieron, y sus madres acudían a nosotros en busca de ayuda. Algunos ancianos murieron también por el contagio. Consideramos que aquello podría ser una buena oportunidad para que la gente fuera más receptiva al amor de Dios, y lo fue, pero no de la manera como nosotros lo habíamos imaginado.

Nuestro hijo mayor presentó síntomas de aquella enfermedad. Hicimos esfuerzos tratando de ocultar nuestro dolor, pues nuestra intención era demostrarles como un creyente enfrenta las peores situaciones de la vida, sostenidos por la gracia de Dios. Nuestro hijo murió. Yo tuve que preparar la fosa para él. Cada vez que enterraba la pala para hacer la fosa, una lágrima vertía mi corazón, finalmente no pude más, y gritando lloré  intensamente. Sin percatarme, un grupo de aldeanos me estaba observando y cuando vieron mis lágrimas, corrieron por toda la aldea gritando

–¡Hombre blanco está llorando¡  ¡Hombre blanco está llorando¡–  

En pocos minutos estábamos rodeados de casi todos los aldeanos. Oré a Dios para que me diera el mensaje para ese momento. Les dije que muchas veces lloramos en silencio, en otras a solas, y en otras más, intensamente; pero así como nosotros lloramos por la muerte de nuestros seres queridos, sin duda, Dios también lloró cuando vio a su Hijo amado morir por nuestros pecados en la cruz con los peores castigos que un ser humano pueda soportar. Muchos de ellos, tocados por el Espíritu Santo, entregaron sus vidas a Jesús.    

Nosotros, mi esposa y yo, aprendimos la lección. Nos era impresindible, si queríamos ser usados por Dios, renunciar a todo: nuestra posición, privilegios, honores y honras. Inconscientemente les habíamos dado la impresión de que el hombre blanco no sabe llorar, no se deja dominar por el fatalismo; y si llora, su Dios se va a molestar o sentirse avergonzado. Y cayó el telón.–  

Conclusión    

Deber del carácter cristiano, muy apreciado, pero escaso, es la solidaridad. Los impedimentos de ella son: el orgullo, la arrogancia, la autoestima, el complejo de superiodad, el racismo, todo esto y más tan frecuente en nuestro sendero, y la vera raiz del poco fruto que honra a Dios. Renunciémos a todo sin vacilación, y mediante la dirección del Espíritu Santo, tomemos como bandera el servir y no el ser servidos, sensibles a los goces y tristezas de otros, prestos y sencillos en participar de su felicidad como también para sentir sus dolores.    

Todos los creyentes sabemos de las muchas experiencias de nuestros hermanos misioneros, buena parte de ellas muy difíciles, pero debemos apoyarlos siempre con nuestras oraciones. Y orar también por el envio del Señor de la mies, a obreros a su mies.  

Recuerda siempre ¨…Llorad con los que lloran¨  Romanos 12:15b  

Por supuesto, siempre y cuando tales llantos tengan motivos justificados.    

Recuerda siempre ¨…Llorad con los que lloran.¨   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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Posted by on July 21, 2015 in Levanta el Animo

 

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