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SUPERIOR AL MÁS ESPRENDOROSO GLAMOUR

14 Sep

En una ocasión vi una caricatura de un diario en la cual mostraba a una dama saliendo de la estética, y dos jovencitos cerca. El uno suelta una carcajada, y el otro le dice:  

–Nunca te rías de una dama saliendo de una estética, porque puede ser tu abuelita–  

¨Ni viejo, ni feo¨ es el lema de miles y tal vez millones de personas en nuestro tiempo, que sin escatimar esfuerzos ni costos en la compra de ropas espléndidas para lucir en alfombras rojas, en lujosos shows, pasarelas, banquetes, bodas, cirugías plásticas. Acotemos que para quienes la naturaleza del trabajo que desempeñan, sea un requerimiento, se justifica, pero en quienes no es así, se cae en la vanidad.  

La Palabra de Dios al tratar el tema de la riqueza y la pobreza, es tán díafana y franca que no da margen para ir a los extremos. Por un lado coloca a la pobreza en su justo lugar, de tal modo que no puede catalogarse dentro de la espiritualidad, y decir que el pobre es más espiritual que el rico. Tampoco la asocia con el pecado, como para afirmar que el creyente en Dios debe ser rico, o de otra manera está viviendo en pecado. Nos advierte seriamente del pelibro de querer ser rico por medios ilícitos; en cambio si la asocia con la pereza y la falta de honradez. Finalmente vemos que Dios llama a su reino tanto a ricos como a pobres, su elección nada tiene que ver ni con uno ni con el otro.    

Y respecto al peligro existente de que el rico afrente al pobre, o el pobre menosprecie al rico, aun tratándose de hijos de Dios, el Apóstol Santiago en su Epístola capítulo 2 y versículos del 5 al 7, deja claro cual debe ser la actitud del cristiano rico y la del cristiano pobre; y cual la diferencia entre pobres y ricos que temen a Dios con los que no.  Y llevándolo al terreno espiritual nos hace relexionar sobre lo siguiente:    

Tenemos ambos, pobres y ricos,  un Dios rico que es nuestro Padre. No se trata de un Dios para los pobres, y un Dios rico para los ricos, o un solo Dios que trata a unos de una manera, y a los otros de otra manera. Comparadas sus riquezas con el glomour de este mundo, hay un abismo que el hombre nunca podrá cruzar, y más grande aún es el abismo cuando nos referimos a sus riquezas en gloria, y que también son nuestras por nuestra posición en Cristo Jesús.  

Y como si esto fuera poco, tenemos como prenda de nuestra herencia que nos está reservada, las arras, al Espíritu Santo. Somos herederos del reino que ha prometido a los que le aman, preparado desde la fundación del mundo. Nos espera una mansión conforme a la promesa de Cristo, y a su venida nos reuniremos con él para disfrutar de la gloria y de la inmortalidad de ese reino.  

Se cuenta de un misionero que pasó muchos años sirviendo al Señor. Su esposa y dos hijos murieron en el campo misionero donde sirvió. Ya viejo y enfermo, al fin pudo regresar a su lugar de origen. Cuando su barco se acercaba a su destino, notó mucho movimiento de los marineros, y llegó a creer que le esperaba un gran recibimiento, que posiblemente familiares, compañeros y amigos le esperaban con la expectaviva de vorverle a ver. En sus arrebatos de emoción sufrió una triste decepción que apagó el fuego de su entusiasmo.

En el puerto eran muchos los militares haciendo guardia, y miles de civiles que esperaban el feliz arrivo de un heroíco militar que habia logrado en el campo de batalla grandes victorias para su país; en cuanto el militar pisó tierra, brotó de los asistentes una gran algarabía, en cambio a él, nadie lo recibió; ni familiares, ni amigos, ni compañeros; la tristeza embargó su corazón, ya nadie se acordaba de él, lo daban por muerto. Aquella, la primera noche en su querido país, después de muchos años de ausencia, se fue a su cama con aquellos sentimientos que embargaban su corazón que nunca dudó.    

En medio del dolor le consolaba saber que Dios no se había olvidado de él.  Élevó su oración al Creador, y se quedó profundamente dormido.  Su sueño fue un momento de grande iluminación, confortante y alentador, que nunca olvidó. Contempló en su sueño el momento de su partida de este mundo, su Señor le había llamado a su presencia, y cuando llegó al cielo, él era uno de una gran compañía a la cual el Rey le había preparado una gran recepción. Todos vestían prendas muy finas, nunca vistas en este mundo. No eran miles, sino millones los que les recibieron. Sus familiares, amigos y compañeros que habían partido antes que ellos, les dieron la bienvenida. El ambiente era indescriptible. ¿Puede la imaginación crear algo más precioso?  El Rey fue llamando uno a uno a su trono inmarcesible para recibir de él, las medallas y condecoraciones. Cuando le tocó su turno, vibrava su corazón de emoción; su Señor le dijo: ¨Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor.¨    

Mi afligida (o) y querida (o) hermana(o), en la experiencia de este misionero, nos vemos retratados todos nosotros. En tus afanes y luchas, o en algún contratiempo muy semejante, levanta tu ánimo, no desmayes; fiel es el que lo prometio, y lo cumplirá.  

 

 

 

 

 

 

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Posted by on September 14, 2015 in Levanta el Animo

 

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