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MÉDICO, CÚRATE A TI MISMO

08 Mar

Lucas 4:16-30  

Nazaret, pueblo tranquilo y quieto,

donde Jesús pasó su juventud.

Celebra con solemne respeto

el día de reposo con solicitud.

                        –o–

Los fieles reunidos en la sinagoga

leen y estudian de Moisés, la ley.

El entusiasmo en todos aflora,

pues todos ellos pertenecen a su grey.

                      –o–

Vienen personas a corta distancia,

-Es Jesús, el hijo del carpintero.

Señala un jovenzuelo certero.

Para el Maestro, recuerdos de su infancia.

                        –o–

En la sinagoga leyó las Escrituras,

en el Libro del Profeta Isaías,

El mensaje del Señor, a sus criaturas,

profecía cumplida en esos días.  

                          –o–

Sobre mí está el Espíritu del Señor.

A los pobres buenas noticias llevar,

a los quebrantados de corazón , sanar

y libertar a los cautivos del opresor.  

                            –o–

Los ciegos la vista recuperarán,

los oprimidos librados serán,

predicar el año agradable del Señor

a los hombres de todas las razas y color.  

                               –o–

En la sinagoga con gran espectación,

Todos esperan de él una explicación,

le dirán dominados por su egoísmo,

-Médico, cúrate a tí mismo.  

                                –o–

Ha corrido tu fama por esta región,

y nosotros, a tus padres y hermanos

en tu ausencia siempre los cuidamos,

tú, ni de los tutyos tienes compasión.

                       –o–  

Jesús contesta:  

Muchas viudas había en días del profeta,

pero Dios envió a Elías a la viuda de

Sarepta.

Y muchos leprosos había en Israel,

Dios sanó a Naamán, así lo quiso El.

                                –o–

Sin duda sus labios pronunciarán

de todos tan conocido refrán:

A ningún profeta en su tierra se le honra;

la actitud de ustedes me asombra.  

                       –o–  

Al decirles que él era el Mesías

predicho por el profeta Isaías,

los nazarenos se enfurecieron tanto,

intentaron arrojarlo a un barranco.  

                            –o–

Con fuerza y valor se los quitó de encima,

frustró los intentos de aquellos plebeyos,

valiente pasó en medio de ellos;

El Mesías se alejó de aquella cima.

                           –o–

En el Calvario la gente vociferó,

y a Jesús crucificado, le gritó:

-A otros salvaste con tanto empeño,

¡Sálvate a tí mismo, Jesús nazareno!

                           –o–

Si no vemos por nos, por servir a otros,

y ponemos en primer lugar lo ajeno;

con frecuencia escucharemos nosotros:

¡Cúrate a tí mismo, Médico Galeno!

 

 

 

 
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Posted by on March 8, 2016 in POESÍAS, Uncategorized

 

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