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PROMESA SEMPITERNA, parte 2

¨Y en ti serán benditas todas las naciones de la tierra.¨ Génesis 22:18 

La bendición no sólo sería para todos los descendientes de Abraham, serían incluidas todas la naciones de la tierra. 

La bendición como legado de Abraham a todas las naciones de la tierra, es de carácter espiritual, y se requiere de la fe en Cristo para ser partícipe de ella, el medio por el cual Dios justifica al pecador. ¿De qué le debe justificar? ¿Por qué es Jesucristo el Mediador? y ¿Por qué por la fe? La Biblia es categórica al declarar que el hombre es pecador (Romanos 3:23), y como tal es también culpable, merecedor del juicio divino (Romanos 6:23).  

La respuesta a la primera pregunta es: del pecado. Y ¿Qué es el pecado? Es la transgresión a la ley del justo Dios, y como tal, él no puede dar por inocente al culpable, la ira de Dios está sobre el pecador; Dios odia el pecado y ama la justicia, odia el pecado pero ama al pecador, y por eso quiere justificarlo. 

El cumplimiento de la promesa divina requería que tal mediador que libertara a su pueblo de la esclavitud y redimiera al hombre de su pecado, fuera descendiente de Abraham y del Rey David. Ambas líneas quedan comprobadas en la narración del evangelista Mateo en el capítulo 1 de su Evangelio. De Abraham hasta Cristo se sucedieron 42 generaciones por medio de las cuales la bendición continuó hasta la familia de Cristo según la carne. Todo esto da la respuesta al por qué Jesucristo sería el Mediador.

Y ¿Por qué por la fe? El mismo Abraham fue justificado por la fe, pues cuando la promesa de bendecir a todas las naciones de la tierra le fue dada, la ley no había sido aún promulgada. Como claramente puede verse, por el principio de la fe, tanto judíos como gentiles que se alleguen a Jesucristo alcanzan la bendición que Dios prometió a Abraham (Romanos 4:1-3,16). Y de todos ellos Jesucristo está formando un nuevo pueblo, un nuevo reino, una nueva Iglesia (Mateo 16:18), cuyas fronteras traspasan generaciones, barreras humanas y el tiempo, proyectándose hasta la eternidad (Apocalipsis 21:1-5; 22:15). Cristo no vino a abrogar la ley sino a cumplirla, a favor de su pueblo, y a favor de todos los hombres (Mateo 5:17), y a dar su vida como el Cordero de Dios que borra el pecado del mundo (Juan 1:29). 

¨Y en ti serán benditas todas las naciones de la tierra.¨ Génesis 22:18 

PROMESA SEMPITERNA, hecha por el Dios que no tuvo principio ni tendrá fin. Promesa vigente por siglos, para todos los hombres, para todas las naciones. Conocemos a quien le fue dada, y de qué manera Dios la cumpliría; pero no sabemos con exactitud la fecha de su origen, pues antes que fuese formado el universo y el hombre, ya Dios se había propuesto redimirlo (Efesios 1:3.4), y desconocemos también la fecha en que llegará a su plena culminación. 

Para nuestra Consideración:

Si aún no la aceptas, tú has sido incluido en ella; está vigente, aprovéchala (2 Pedro 3:9). 

Tú y tu descendencia serán bendecidos (Hechos 16:31).

Si ya estás incluido en ella, valórala y disfrútala.

Compártela con otros que también deben disfrutarla.

Ora al Espíritu Santo para que te ayude a cumplir con todas sus implicaciones.   

Categoría: Eventos Bíblicos sin precedentes, post #263

 

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PROMESA SEMPITERNA–Parte 1

¨Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré.¨ Génesis 12:2  

Las promesas bíblicas parecen no tener fin, con todo, quienes se han dado a la tarea de contarlas han encontrado más de mil, siendo para muchos un tema de mucho interés.  De todas ellas, la más relevante es sin duda la referente a la redención del hombre de su condición de pecador esclavizado en el pecado, para restaurarle a la relación con su Creador. Dios elige a Abraham y le hace la promesa de bendecir al hombre por medio de su descendencia; tal bendición se expresaría precisamente en su redención. 

1.-La Promesa de bendición en Abraham y sus descendientes  

¨…porque toda la tierra que ves, la daré a ti y tu descendencia para siempre.¨  Génesis 13:15 

Abraham, llamado por Dios, de la tierra de los caldeos (Génesis 11:31; 12:1). 

Taré, padre de Abraham, Nacor y Harán (Génesis 11:27-28) 

Sara, esposa de Abraham (Génesis 11:31)

Lot, hijo de Harán, hermano de Abraham (Génesis 11:27) 

Harán muere antes que su padre Taré, en Ur de los caldeos (Génesis 11:28).  

El único hijo que tuvo Harán fue Lot (Génesis 12:5)

Nacor, hijo de Taré y hermano de Abraham, engendró nueve hijos (Génesis 22:21-23) 

Uno de los hijos de Nacor fue Betuel, mismo que fue Padre de Rebeca (Génesis 22:23), la que más tarde fue esposa de Isaac. 

¨Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra.¨ (Génesis 13:16) 

Abraham tuvo dos esposas y una concubina. 

Abraham tuvo ocho hijos: Ismael, hijo de la concubina, Isaac, hijo de Sara, y seis más de Cetura (Génesis 16:15; 21:3; 25:1). Abraham fue tío de doce sobrinos, hijos de Nacor (Génesis 22:23).

Isaac tiene doce primos cercanos.  Rebeca fue esposa de Isaac (Génesis 24:67).  Por lo tanto, Isaac y Rebeca son primos de segundo orden. 

De todos los familiares de Abraham, la única que va a entrar en la bendición es Rebeca. 

¨Y te multiplicaré en gran manera…(Génesis 17:6)

De los dos hijos de Abraham, Isaac es quien recibe la promesa de bendición (Génesis 15:4; 17:19). 

La bendición sobre los descendientes de Abraham fue por Isaac y Jacob (Génesis 26:4; 28:13). 

La bendición prometida a Abraham se derramó en todos sus descendientes: de Ismael (Génesis 21:8), de Cetura (Génesis 25), de Isaac: los descendientes de Esaú y los doce hijos de Jacob (Isaías 41:8). 

A causa del hambre que sobrevino en Egipto y en toda la tierra, Jacob y sus descendientes tuvieron que emigrar a Egipto en busca de alimento, lo cual dio cumplimiento a lo que Dios le había dicho a Abraham (Génesis 15:13), y en el exilio que duró cuatrocientos años, el pueblo se multiplicó hasta sumar millones de personas, quienes a la muerte de José fueron sometidos por los egipcios a la esclavitud, de la cual serían liberados por Dios (Génesis 15:4). La promesa divina sostuvo a ese pueblo en esa deplorable condición por todo ese tiempo. 

Para nuestra consideración: 

¿Somos la clase de padres que sirven como punto de referencia a nuestros hijos? 

¿Estamos forjando la clase de hombres y mujeres que Dios necesita para bendecir a las futuras generaciones?

En tu generación ¿Hay una Eunice y una Loida que estén forjando un futuro líder? 

¿En alguna ocasión te han sorprendido tus hijos, orando por ellos? 

¿Cuál es tu legado de fe a los miembros de tu familia?

¿Tienes de parte de Dios una promesa de tu predilección? 

categoría: Eventos Bíblicos sin precedentes, post #262

 

 

ARREPENTIMIENTO ¿Con o sin lágrimas?

Las causas del llanto son muchas, y ¿Debemos considerar al arrepentimiento como una de ellas? Hay quienes no creen en el arrepentimiento si no ven las lágrimas del ofensor; y hay quienes recurren al llanto fingido como señal de arrepentimiento, a las lágrimas de los tales se les califica como ¨lágrimas de cocodrilo.¨

¿Tiene la Biblia alguna aportación sobre el particular?

Encontramos a varios hombres que enfrentaron esta experiencia; de algunos de ellos se registra que acompañaron su arrepentimiento con lágrimas, como son: El  rey  Saúl (1 Samuel 24:16-17). El rey Acab 1 Reyes 21:27-29). El Apóstol Pedro (Mateo 26:27). Esaú (Hebreos 12:16-17). Otros sin lágrimas, como son: Los hijos de Israel (Jueces 10:15-16). El rey David (2 Samuel 12:13). El rey Manasés (2 Crónicas 33:12-13). El patriarca Job (Job 42:6), y otros más. Sin embargo, de aquellos casos en los que no se mencionan lágrimas, comúnmente el cubrirse de polvo y ceniza y humillarse hasta el polvo de la tierra, el llanto hacía acto de presencia. 

Quiero hacer especial mención del caso de Esaú, quien procuró conseguir la bendición de su padre Isaac, con muchas lágrimas, después de haber vendido a su hermano Jacob su primogenitura, misma que despreció, y que por lo mismo él también fue despreciado y rechazado cuando quiso obtenerla; perdió la cabeza y no razonó. 

Con Esaú la primogenitura indicaba sus propios derechos al alto privilegio espiritual de ser el antecesor de la prometida simiente y heredero de las promesas en él. 

Recurrió al arrepentimiento pero no era el verdadero, aunque estaba expresado con muchas lágrimas, lo prueba el hecho de que al ver frustrado su deseo, deseara matar su hermano, sentimiento que flotaba en su mente en tanto su padre viviera (Génesis 27:41). Derramó lágrimas pero no por el pecado de tener en tan poca estima de un privilegio tan grande, sino por el sufrimiento de la pena del pecado; lágrimas, consecuencia del vano pesar y remordimiento, no de arrepentimiento. Antes podría haber tenido la bendición sin lágrimas, después, no obstante sus lágrimas derramadas, fue rechazado. Las lágrimas no son prueba del arrepentimiento real. 

Independientemente de si hay o no lágrimas al arrepentirse, la Palabra de Dios pone en claro lo siguiente:  

Todos debemos arrepentirnos de nuestros pecados. ¨Dios…ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan…¨  Hechos 17:30  

Es condición divina para obtener el perdón del pecado. ¨Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados.¨ Hechos 3:19 

Debemos hacerlo hoy.

¨He aquí el tiempo aceptable; he aquí el día de salvación.¨ 2 Corintios 6:2 

Es a través de la fe en Jesucristo como el único medio provisto por Dios. 

¨Testificando a judíos y gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.¨ Hechos 20:21 

Dios nos advierte de las consecuencias si no lo llevamos a cabo.  ¨Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.¨  Lucas 13:3 

El arrepentimiento, entendido en su auténtica definición, es una tremenda fuente de esperanza. 

Categoría: Levanta el ánimo, Post #260

 

 
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Posted by on December 13, 2018 in Uncategorized

 

TU PECADO TE ALCANZARÁ

Amos capítulos 1 al 4 

Amós fue un profeta de Judá, pastor de oficio, y oriundo de un pequeño pueblo de nombre Tecoa. Llamado por Dios y enviado al reino de Israel, que en ese momento gozaba de prosperidad material, y consecuentemente como sucede con frecuencia, de mucha inmoralidad e injusticia social. En el aspecto religioso, la idolatría de las naciones vecinas y su insinceridad, la tenían plagada de paganismo, y al borde de un sucesivo desmoronamiento moral. El tema de su profecía fue saturado con la consigna divina: La retribución. 

Encendió la Llama 

Esta sección del libro se enfoca a declarar que la autocomplacencia, inmoralidad e idolatría de las naciones vecinas al reino del Norte, no serían ya toleradas, la expresión ¨prenderé fuego¨ se repite siete veces, indicando con ella, la justa retribución divina a sus malvados y perversos caminos. ¡Dios no se hace de la vista corta! ¡Cuidado! No le añadas más leña al fuego. 

A la Tercera va la Vencida 

La expresión ¨por tres pecados, y por el cuarto, no revocaré su castigo¨, que también se repite siete veces, da el mensaje de la longanimidad divina hacia esas naciones. Con todos los milagros que Dios hizo con y en su pueblo, claramente quedan sin excusa sobre quién era el Dios verdadero, su problema más substancial. ¿A la tercera va tú vencida?   

Le Colmaron el Plato 

Al llegar al capítulo 3 la atención se enfoca en la nación de Israel del Reino del Norte, reino constituido por las diez tribus que se rebelaron contra Roboam a la muerte del rey Salomón. La política prevaleció sobre la religión, la idolatría prevaleció sobre el monoteísmo hebreo, el estilo de vida pagano prevaleció sobre el estilo de vida enmarcado por la ley divina. ¿Estamos atesorando ira para el día de la ira? ¡Peligro! 

Te llegó la Hora, tu Pecado te Alcanzó. 

¨prepárate para venir al encuentro de tu Dios.¨ capítulo 4, verso 12, son palabras reveladoras del severo juicio divino que vendría la ciudad de Samaria, capital del Reino del Norte, siendo los asirios los instrumentos para ejecutarlo, y consistente en el cautiverio de este pueblo, y del cual no pudieron librarse jamás. Su cumplimiento tuvo lugar unos años más tarde al momento en que fueron pronunciadas por el Amós. ¿Estamos preparados para esa hora? Nadie podrá evadirlo. 

Las lecciones que se desprenden de este pasaje sobre la retribución divina son: No es inmediata ni igual para todos, pero de cierto vendrá. Dios llama al hombre al arrepentimiento, dándole varias oportunidades para evitar el castigo. Toda obra de impiedad recibirá su justo juicio. Dios no se olvida de lo que siembra el hombre, ni puede dar por inocente al culpable; el que la hace, la paga. Se tiene en cuenta que a mayores privilegios corresponden mayores deberes y responsabilidades. 

La voz del profeta Amós hizo eco en el mensaje de Pablo y de los que proclaman el llamado del Señor a todos los hombres y a todos los pueblos (Hechos 17:30-31), dejando en claro el plan divino de salvación provisto por Dios en la Persona de Jesucristo, en quien fue hecha la retribución divina por el pecado de la humanidad. La amnistía está vigente para cuantos quieran acogerse a ella (Romanos 3:21-24). 

Categoría: Espigas de mis estudios bíblicos, post #259

 

LO FUNDAMENTAL DE LA HUMILDAD

Tenemos a nuestro alcance gran cantidad de información sobre la humildad, y sin embargo, tenemos problemas para practicarla. Se hacen caricaturas de ella, y es vista como debilidad, miseria, o falta de carácter; por lo tanto, en esta ocasión nuestro interés tiene que ver no tanto con la información sino en formación de un corazón humilde. 

No es fácil ser verdaderamente humildes. Lo opuesto a la humildad es el orgullo, y todos tenemos tendencias hacia él, lo expresamos de diferentes formas y con diferentes actitudes, tales como la suficiencia propia, la insensibilidad, la altivez. Debido a nuestro orgullo somos dominantes en pensamientos, situaciones y relaciones. Nos consideramos los dueños de nuestro destino, sólo nos importa que nuestros caprichos salgan avante,  nos apoyamos en nuestra fuerza y sabiduría.

Dice Dios que el corazón del hombre es engañoso (Jeremías 17:9), capaz de fingir humildad,  exhibirla y sólo de labios para afuera; tal fue el caso del fariseo, según la narra el Evangelio de Lucas 18:10-12. Daba gracias a Dios porque era hombre bueno y cumplía con todos los deberes que le imponía su religión, con un sentimiento centrado en el egoísmo. Muy cercano a eso está el que reclamemos que los demás nos reconozcan que somos lo que somos por nuestras propias habilidades, virtudes y esfuerzos. Se le da gracias a Dios sólo como un cumplido o una costumbre. 

Cristo sanó a leprosos, alimentó a cinco mil personas con solo unos cuantos panes y peces, calmó la tempestad de un mar embravecido, su fama corría por todas partes; con todo, se quitó su manto y lavó los pies de sus discípulos (Juan 13:15); fue ejemplo de humildad. Fue mandato suyo que todos sus seguidores fueran humildes de corazón, es decir, verdaderamente (Mateo 11:29). Y la humildad tiene relación con nuestro servicio a Dios (Miqueas 6:8). Razones todas para ser humildes de corazón. 

En la senda para alcanzar la humildad está el rechazar a todo aquel que se quiera pasar por humilde (Colosenses 2:18), el abandonar todo deseo de venganza y odio (Romanos 12:19), renunciar al deseo de gloriarse por los logros alcanzados (Filipenses 2:3). Es misión del Espíritu Santo el darnos convicción de esa necesidad, y proveer la mansedumbre (humildad) pues es parte de su fruto en todo corazón lleno de él (Gálatas 5:23). Finalmente, reconocer a Cristo como Salvador, Señor y Rey, y entronizarlo en el corazón (Romanos 10:9-10).  

Se cuenta que el cierta villa rural había un buen número de creyentes, tenían su pastor, y había también un hombre malo que les causaba muchos problemas a los hermanos a causa de su fe. Tenían un puente colgante que tenían que cruzar frecuentemente, muy estrecho de tal forma que solo una persona lo podía cruzar a la vez. Sucedió que en cierta ocasión el pastor y ese hombre se encontraron a la mitad del puente, y como no podían cruzarlo a la vez, el pastor le dijo: me voy a acostar y tú pasas sobre mí, cuando hayas pasado me levantó y cada uno sigue su camino. 

Recuerda que la humildad de corazón (la verdadera), considera a Dios como la razón de todo lo que somos, tenemos y hacemos. 

Categoría: Fundamentos Esenciales de la Doctrina Bíblica, Post #258 

   

 

 

CIUDANOS Y EMBAJADORES

CIUDADANOS 

En los tiempos del Imperio Romano, el ser ciudadano de ese reino era un gran honor, y había quienes pagaban al Imperio grandes sumas de dinero con el fin de obtener tal ciudadanía, y así disfrutar de todos los derechos y privilegios de un ciudadano romano. Entre las obligaciones adquiridas estaba la de obediencia total e incondicional al emperador y el reconocimiento de él como ¨señor¨.

Los seguidores de Cristo fueron ferozmente perseguidos, pues confesaban ser ciudadanos de otro reino donde él era su Salvador, Señor y Dios. Como ciudadanos de ese reino debían reflejar sus valores y el carácter de ese Rey, que demandaba de sus súbditos amor, lealtad, servicio y adoración. Para ellos fue mucho más importante la eternidad que el presente, la justicia que los placeres temporales del pecado, la voluntad de su Rey antes que la propia, y el perdón antes que la venganza; todo esto y mucho más que lo aprendieron por palabra y ejemplo del mismo Jesucristo. 

El  Apóstol Pablo era un ciudadano romano e hizo valer sus derechos ante autoridades judías y romanas que le juzgaban (Hechos 16:37; 22:25-29). Se consideraba ciudadano del cielo, él y todos los que habían abrazado la fe en Jesús, y frecuentemente les exhortaba a no perder la esperanza del pronto retorno de su Rey. Se cuentan por miles los cristianos que tiñeron con su sangre la arena del coliseo romano ofreciendo su vida por mantener en alto su lealtad a su Rey, de quien recibirían la corona de vida (Apocalipsis 2:10). 

EMBAJADORES 

En los tiempos bíblicos, un embajador tenía la función de ser el portador de un mensaje de reconciliación entre dos reinos en disputa, buscando la paz entre ellos. Hay en la Biblia varios ejemplos de personas con esta función (Números 20:14; Ezequiel 17:15). En este contexto, el Apóstol Pablo relaciona la responsabilidad del creyente ante su mundo; es un ciudadano ciertamente, y es también un embajador. Como tal debe anunciar en representación de su Rey, la buena voluntad de Dios en perdonar al hombre a pesar de que ha quebrantado Su ley, para lo cual hay un recurso en el sacrificio de su Hijo Amado, el Señor Jesucristo, en favor del pecador. 

La reconciliación es un hecho consumado, está al alcance, está vigente, es real. Dios se ha reconciliado con el hombre, sólo falta que el hombre quiera reconciliarse con Dios (2 Corintios 5:20). 

El privilegio del embajador y deber sagrado, es anunciar las buenas noticias, o sea el evangelio a todo el mundo, en tanto esté vigente esta buena voluntad hacia el pecador, hacerlo en todo tiempo y al costo que sea (Marcos 15:15-16; 1 Corintios 9:16).

Vivamos como ciudadanos de ese reino eterno, y en tanto estemos en este mundo cumplamos con nuestra responsabilidad como embajadores de su Rey. 

¨Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros, os rogamos en nombre de Cristo; Reconciliaos con Dios.¨ 

Y tú querido lector, ¿Ya te reconciliaste con Dios? Es la única manera como puedes ser ciudadano y embajador de la patria celestial.  

Categoría: La Palabra que da Vida, post #257

 
 

PLEGARIA DIARIA

Con acción de gracias, gran gozo y alegría,

este nuevo día

¡Cristo, mi Señor!

yo lo dedico a tu loor.

Sé mi pensamiento, sé mi sentir,

sé tú mi dicho, sé mi vivir. 

                        o 

De este mundo nada anhelo, peregrino soy,

Me has llamado a servirte, y listo estoy.

Estando perdido me rescataste del pecado vil,

En tus hombros me llevaste al rebaño de tu redil.

                      o

Señor, enséñame a no depender tanto de lo humano,

pues, de tu reino celestial y eterno soy ciudadano.

Que tu Espíritu divino vierta su poder en mis venas,

si algún día por tu causa sea tu embajador en cadenas.

                   o 

Tú bien conoces lo débil de mi condición.

Te agradezco los logros y gran bendición. 

También hay pecados y malestar,

hay disciplinas que superar. 

               o 

Eres mi escudo, mi protector,

Eres mi guía, mi defensor,

Siempre estás conmigo, oyes mi oración,

yo vivo contigo dulce comunión. 

              o

Aguardo el anhelado día, oh, mi Salvador,

Me será gran gozo ver tu rostro lleno de amor,

Dulce tu mirada, divina bondad;

Moraré contigo por la eternidad. 

Categoría: Poesías, post #256

 

o

 

 
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Posted by on September 22, 2018 in POESÍAS, Uncategorized